Recobro de pronto la instantánea de una plaza de la tierra donde nací.
Hay muchos bancos, todos de piedra y rematados con azulejos sedosos de suaves colores de azul celeste.
Rodeaban todo el espacio en torno a un jardín central, a modo de corona circular perfecta y en
el centro, alzado, como cuando un cisne eleva su cabeza sobre su largo cuello, hay un velador
para disfrutarlo a la hora del sempiterno paseo, escuchando las melodías que el viento traía y
llevaba, de una banda local, la Banda Municipal de Cádiz, enfrascada en una música más
angelical que terrenal, que hacía el silencio más puro entre los paseantes e invitaba a bailar en
un terreno idílico frente al templete, donde el baile más parecía una danza equilibrada y
mágica, sobre la piel del mármol pulido por tantas pisadas, bailes y corredurías de críos que
todos los días disfrutaban la plaza con sus juegos.
El asombro me llama, porque en estos tiempos de tanto crecimiento tecnológico que nos hace
soñar y vivir más cómodos, las calles y plazas, están vacías de esos juegos infantiles de
antaño. Vacía de esas sonrisas y de esas alegrías que nos llevábamos a casa para cenar en
familia y acostarnos con esas risas aún en susurros, en nuestros oídos.
@Carmen Salas
@Imagen Pinterest
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.