miércoles, julio 22 2026

Carta 18: Josep Pla, en un petrolero by Félix Molina

Ahora que vives en el tiempo lento de los petroleros y sus esloras largas, como en un paisaje ampurdanés, tiendes al recuerdo. A veces eres la personificación, el personatge mismo de la contemplación, del recuerdo. La boina calada, el escorzo, la línea del horizonte mientras deja ver los desfiles en la costa del paisanaje, parsimoniosamente, como si todo estuviera allí para tus ojos, para tus observaciones y tus apuntes.

Y dentro el Ampurdán. Cómo te entró tan dentro el día que detrás de las montañas, ya casi desnudas de la nieve, adivinaste el mar. Como una gema azul, mejor, como un harén invitado a una danza secreta solo para ti, perdido entre las nubes de tu altura. Cómo ese mismo día, quizá fuera una tarde, la costa, la playa entera se te entregó.

¿Fuiste un espía? Apenas lo recuerdas. Si lo fuiste, el espionaje ha quedado disimulado entre las olas del resto de la vida, como las olas más vehementes, o las más insulsas, se pierden en los mares y en los océanos del mundo. Sin padecimiento y casi sin conciencia, solo con la constancia destinada a los diarios, a tus cuadernos, Pla, a tus vells quaderns

 

Josep Pla (1897-1981) es uno de los prosistas más necesarios (no es mala la palabra con escritor tan pragmático) de la hermosa lengua catalana. Ha trabajado (tampoco es mal verbo para él, obrero nato de la literatura) casi todos los subgéneros de la prosa, desde el artículo, el ensayo o la reseña hasta cierta forma narrativa que hoy tiene que ser muy admirada por los cultivadores de la autoficción (Coses vistes) –porque desemboca en ella–, pasando por su cumbre creativa, los diarios o más bien dietarios (El quadern gris), cada vez más modernos. Aunque republicano a su modo, la acusación de espía (franquista, por más señas) parece fundada. Es autor también de muchísimas páginas (sobre todo sus artículos) en lengua española. La nieve del Alto Ampurdán que puede verse casi besando la playa, con el mismo y raro privilegio de las auroras boreales o los eclipses, tampoco es un invento de la troquelación. Ni el trasegar de Pla por los tranquilos petroleros.


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