martes, abril 14 2026

No era nadie by Marcos B. Tanis

—¿A quién diablos estás ladrándole? —se preguntó tras salir a revisar y Nena —su perra—, seguía ladrando con esa rabia desmedida.

            Se cubrió del frío de la mañana y cargó un poco de agua en su pote. Luego de que Nena posara sus dos patas a su cintura. Carlos descargó un par de caricias y le avisó que iría de nuevo a la cama.

            —¿Qué sucede, cariño? —Consultó su mujer, cuando sintió que se apoyó de nuevo a la cama.

            Carlos no logró conciliar el sueño, preocupado por la forma en cómo su perra empezó a ladrar a nadie. ¿O había alguien allí entre esa espesa oscuridad?, tampoco quería preocupar a su mujer por algo que solo él imaginaba.

            Por la mañana, revisó las cámaras de seguridad y descubrió que en verdad no había nadie, más que su perra corretear por el patio y mordiendo figuras de felpa o saltando sobre el montículo de arena que sobró de la construcción.

            Preparó café y jugo de naranja para cuando su esposa se levante. Si fuera por ella, dormiría hasta el mediodía. «Tal vez en su otra vida era una gata», bromeaba siempre él.

            Ella iba por el segundo mes de embarazo y vivían allí hace cinco meses. La casa fue un regalo de sus suegros y los dos estaban felices por tener tantas bendiciones juntas.

            Pero después de un tiempo eso fue cambiando y sentían que allí había algo malo. No como un alma en pena, más bien pareciera algo más siniestro. No sabía cómo describirlo, pero sentía que, durante las noches, algo despertaba.

            —Debemos bendecir la casa —sugirió él.

            —Entonces hagámoslo para que estés más tranquilo, cariño —contestó su esposa.

            El padre no sintió nada extraño cuando visitó el lugar y dijo que los animales tienen otros sentidos que el humano no puede despertar.  Incluso el padre esparció agua bendita y dejó un rosario en la puerta principal para protegerlos de entes extraños.

            Algo hacía que Carlos se inquiete y emergieron nuevos síntomas. Incluso tuvo que fingir que desde que el sacerdote bendijo la casa, él estaba más tranquilo. Sin embargo, la situación se tornó peor y el insomnio, la preocupación, todo hizo que se preocupase el doble. No quería que le sucediera nada al hijo que estaban esperando.

            Hasta que se le ocurrió investigar y encontró información valiosa cuando supo que, en vez de preocuparse, en realidad alguien ajeno a ese mundo, estaba protegiendo a su esposa mientras durase el embarazo.

            Carlos entonces compró cañas, cigarrillos y empezó a dejar por las noches para aquel guardián de otro mundo. A Nena lo alejó para que no lo tocara, porque también decían otras personas que sufrieron esas experiencias, que solo con tocarlos, dejaba renqueando de por vida a los animales o morían poco tiempo después en extrañas circunstancias.

            Desde que empezó a ofrendar a la noche, todo volvió a la normalidad y él durmió mejor.

©2026 Marcos B. Tanis.


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