La cerradura por Carlos Cubeiro

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Tambaleándose de un lado a otro de la escalera iba logrando subir de piso en piso. Cada descansillo era para el un alivio y un descanso. Botella de Chivas 21 en mano acababa “a cuatro patas” la mayoría de las veces. Pero sí, tras dos horas y cuarto logró llegar a la planta veinticuatro y… oh maravilla, meter la llave en la cerradura.

Ni hacia un lado ni hacia otro se movía. Metió la mano en el bolsillo del pantalón para coger otra
llave y otra y otra connel mismo resultado. Ohh, idea, si las llaves no funcionan llamaré al timbre, se dijo y así lo hizo. Tras una docena de timbrazos al fin abrieron la puerta

¡ Menuda borrachera la que traes hoy Manué, le dijo la joven rubia que acudió a la llamada. ¡ pero tú no eres Pepa! ¡Claro que no soy Pepa, soy Rosa, la vecina del piso veinticuatro izquierda y tu eres el borracho de siempre, el del piso primero derecha.

¡Mierd… siempre subo más de lo necesario! Murmuraba mientras bajaba a su casa a trompicones. Ah, esta si es la mía que está esperando por mí así entreabierta para que no tenga me molestarme en abrir.

¡ Nooo, tú no!

Otra vez me equivoqué, entré en casa del Pedro, que anda detrás de mi culo hace ya mucho, se repetía Manué mientras huía con la espalda rozando las paredes.

¡Ufff que difícil es bajar! ¡ Mejor subo para llegar al primero!

@Carlos Blanco Cubeiro.
@Imagen Pinterest


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