“Entonces calló y oí mugir a una vaca en la granja de Russell. Y todavía no se me ocurrió. Me acerqué a la portezuela y la abrí y levanté el pie. (pág. 265, William Faulner, El ruido y la furia)
Muchas veces, las historias surgen por doquier, las apunto en mi móvil. Menos los sueños que aún levitan al comenzar la mañana y beber mi café de las 7:30.
Ayer un tipo que canta fatal y lo hace cada día en la Rambla de Vilanova decía (Y dice todos los días, pues no cambia su repertorio):
“Ese secreto que tienes conmigo nadie lo sabrá, vivirá escondido una eternidad”
Los secretos también jugas partidas de cartas en nuestro interior. Los tenemos allí. A veces nos pertenecen o viven, en otras son experiencias surgidas en los lazos familiares. En las alianzas establecidas con o sin permiso (sino no estaría Netflix y sus amigos) vendiendo historias referidas a antiguallas de odio, o de violencia.
Las historias de mi cabeza surgen de mi tradicional manera de escuchar u observar caras o relaciones que viven a mi alrededor. Desde fumadores al borde del colapso, a tres tipos que hablaban con tal fuerza y violencia que parecían dueños de si mismos, pero al tiempo me percate que el trabajo les alimentaba. Muchas historias laborales son sabrosas, esconden refriegas, friegas o ambiciones. Ali están otra parte de mis historias y luego la más difícil que es cuando entras en la vida de los personajes y ellos hablan sin cesar. Y que a veces puede comenzar así, pero esta historia, a medias, ha surgido de la voz de un familiar:
El tipo —le llamaremos C. J., fue a bailar a un garito donde hacían salsa, bajo escaleras y una sala brillante llena de latinas o españolas le atrajo ese viernes noche. Luego, bailo cuatro horas sin parar. Al intentar marcharse, oyó una voz. Era una latina, de ojos brillantes y sonrisa llena de alegría:
—¿Volverás la próxima semana?
—Si —respondió y comenzó a subir, se dio vuelta dos veces para mirar detrás, aquellos ojos brillaban aún.
Las experiencias laten sin cesar en la gran ciudad y alguien está dispuesto a recogerlas. O a escucharlas. Y… a veces recuerdo las historias fascinantes que contaban mis Nonas italianas (y mezclaban el piamontés).
Notas:
Letra Canción
Se trata de la famosa canción criolla titulada «Nuestro Secreto», compuesta por Eduardo Márquez Talledo y popularizada por grandes exponentes de la música peruana como Eva Ayllón y el dúo de Óscar Avilés y Arturo «Zambo» Cavero. [1, 2, 3]
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