lunes, julio 6 2026

Una tecnología de rostro humano by Jaime Nubiola

Tradicionalmente se ha afirmado que los artefactos, por ejemplo, un cuchillo, son neutros, pues pueden usarse para cortar el pan o para herir a una persona. Algo parecido solía decirse de la energía nuclear que puede emplearse tanto para curar el cáncer mediante la radioterapia como para aniquilar una ciudad con una bomba atómica. Sin embargo, en los años sesenta del siglo pasado Herbert Marcuse (1898-1979), de filiación marxista, comenzó a defender persuasivamente que la tecnología no es neutral, sino que su desarrollo está íntimamente vinculado a los intereses, valores y dinámicas de poder de quienes la controlan. Basta pensar en los automóviles que transformaron la sociedad a lo largo del siglo XX y se convirtieron en el símbolo de la economía capitalista.

Ahora, en la reciente encíclica «Magnifica Humanitas», firmada por León XIV el pasado 15 de mayo, se reitera en varios lugares que la Inteligencia Artificial «no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza» (n. 8). Y en otro lugar plantea el pontífice: «Las innovaciones tecnológicas —incluida la inteligencia artificial— no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión. Por eso, han de ser examinadas con una pregunta decisiva: ¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?» (n. 85). En otro pasaje añade: «De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra» (n. 104).

¡Qué interesante esta reflexión! La IA no es una herramienta más como puede ser un cuchillo o un acelerador de partículas. Es algo muy distinto, mucho más inmaterial: es un algoritmo, un software informático avanzado que aprende pautas y utiliza probabilidades para resolver problemas. En lugar de reglas explícitas, el desarrollador crea un modelo y lo entrena con millones de datos. Por eso la IA refleja siempre el rostro de sus dueños o de quienes la desarrollan.

Mi amigo filósofo Julián Montaño, parafraseando a Hilary Putnam (1926-2016), me escribía diciendo que el Papa en su encíclica nos propone una “tecnología de rostro humano”. Frente a quienes sospechan de la IA, lo que quiero defender es que hay que humanizar la IA, esto es, ponerla realmente a nuestro servicio, al servicio de los seres humanos que la usamos. Quizá toda la encíclica y su reflexión sobre la IA puedan encapsularse en la siguiente frase: «una paradoja de progreso material y regresión antropológica» (n. 154). De lo que se trata ahora es de cultivar esa reflexión antropológica  que tenemos pendiente para que la IA nos ayude a crecer en humanidad.

 

Barcelona, 1 de julio de 2026.

Ilustración: Imagen creada con IA, El Universal, 8 abril 2026.

 


  • Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).

 

 


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