lunes, julio 6 2026

UNA MARAVILLOSA MELODÍA by Beatriz Abad

Luisa arrastra a sus espaldas un secreto tan oscuro que lo convierte en peligroso. Intenta vivir una vida normalizada, pero siempre surge algo que se lo impide. Cada vez que escucha esa melodía recuerda la obsesión que la atrapa entre sus notas. ¿Por qué tuvo que ser todo tan difícil?

Sentada frente al piano de cola, recuerda a Gabriel, su socio, amigo, compañero, amante, un hombre que la elevó a la gloria, que la llevó a conocer el mundo de los privilegiados, siempre entre melodías maravillosas, llegando a ser reconocida en muchos países por sus hábiles dedos sobre el teclado y sus encendidos ojos verdes mirando hacia dentro de sí misma. Se sentía feliz, había logrado el sueño de convertirse en una excelente compositora y pianista de lo más refinado. Sus conciertos en los mejores escenarios mundiales no dejaban a nadie indiferente. Se rodeó de muchos nuevos amigos, nuevos compañeros y algunos admiradores que le hacían sentir que vivía en las nubes en estado permanente. Comenzaron a decidir por ella, a pensar por ella, a organizar su vida sin consultar, solo tenía que sentarse frente al piano y acariciar sus teclas, para dejar a su público rendido a sus pies. ¿Cómo y cuándo se estropeó todo? ¿Cuándo dejó de estar Gabriel a su lado?

Sin que ella se diera apenas cuenta, fue insertando espacios de tiempo en su relación, Gabriel dejó de ser su particular centro de atención y no supo cuando desapareció de su vida. Lo único que recuerda es una nube densa de humo a través de la cual se escaparon todas las ilusiones de su vida, las personas, el círculo que solo afectaba a ellos dos. Él hubiera dado su vida a cambio de unas migajas de tiempo y una sonrisa sincera, pero Luisa ya pertenecía a otro mundo. Quisieron convertirla en diosa y Luisa se dejó llevar.

Ahora llora, de nuevo con su mirada triste dirigida hacia dentro de sí misma, recordando aquel secreto que los unió para siempre y que no puede compartir con nadie. Le duele el recuerdo.

Se ha retirado de los escenarios, ya no se siente con fuerzas para sentarse frente al piano que tanta gloria le regaló, y se ha trasladado a vivir a una solitaria casona, rodeada de aguas frescas cristalinas y castaños de indias que cada día se rinden a su paso, mientras intenta olvidar un doloroso pasado que sabe que no podrá enterrar en su conciencia.

Nadie lo conoce, nadie lo sabe, pero, cada día recoge flores de su bonito jardín y las deposita sobre una solitaria lápida que se encuentra en el rincón más alejado y sombrío del cementerio. Allí, unas letras grabadas sobre el mármol blanco cubiertas de musgo le recuerdan que el pasado la persigue, que aún no está definitivamente enterrado.


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