jueves, agosto 13 2026

CONSULTA DE BLANQUEAMIENTO by Luís María Compés

Imagen aportada por Pinterest

          

La obra se desarrolla en la consulta de un dentista. Todos los personajes son peculiares. Son estereotipos de comportamiento del ser humano, llevados a límites exagerados para complementar un texto de comedia no exento de crítica social, para determinadas actitudes individuales.

 

Luis: (Está embebido con el móvil. No habla, parece estresado)

Esther: Hola, ¿A qué hora tiene usted la cita?

Marta: Y a usted, ¿qué le importa?

E: Mujer, no se ponga así. Yo era por preguntar.

M: Usted lo que quiere es colarse. Y de eso nada. ¿Ve la puerta? Pues la que está más cerca soy yo y en cuanto se abra paso. Ni de coña se cuela usted.

E: Ay, de verdad, cómo se pone. Si yo solo quería establecer conversación. Mire, (se cambia de silla y se pone en la de al lado con complicidad), en todas las consultas de médicos hago amigas. Es mucho más divertido hablar que estar aburrida en silencio. Y como la he visto sola…

M: Mire, déjeme en paz. ¡Por Dios, qué pesada! Estoy harta de esperar. Que sepa… que prefiero estar callada. No la conozco de nada y estoy deseando que me toque entrar. Déjeme, siga usted haciendo punto.

E: Uy, si quiere me callo. Pero que sepa que yo tengo prisa también para que me reciba el odontólogo. Tengo que ir a la compra. En casa nos encanta el pescado. Y en el super tienen la lubina a 6,99, voy a llevarme 5. Al horno me salen riquísimas.

M: Me va a contar su vida, ¿señora? Ay, por favor, cómo tengo que decirle que no quiero conversación. Además, en mi casa no se come pescado. Somos más de carne.

E: Lo ves, mujer. Ya estamos charlando. Y así se nos pasa el tiempo antes.

M: (En off) Caramba con la señora. No hay quien la calle. (Se dirige a Esther) Que muy bien, que me parece estupendo lo del emperador, pero que me deje en paz…

E: Nooooooo, lubina. Lo que han puesto en oferta, es la lubina. Ay, (se ríe) que carácter tiene. Pero se le nota que es muy buena persona. Yo para eso tengo un olfato especial. Al final nos vamos a llevar bien. Yo vivo en la calle Ronda Norte. ¿Y tú? ¿Si me permites tutearte? (hace un gesto amable y sigue buscando la complicidad de Marta)

M: Pues yo, vivo en el Polo Sur. (Se ríe a carcajadas). Lejos. Vivimos muy lejos. Pero sigue, sigue haciendo punto, mujer (Lo dice con sorna)

Lu: (Sigue con el móvil sin parar)

(Suena el timbre)

Leticia: Pase. (Entra un hombre lleno de tiritas) ¿Qué le ha pasado buen hombre?

Carmelo: Nada, nada. Esto es por si acaso. Para estar prevenido.

L: Pues va hecho un Cristo, señor. Da pena verle. Bueno, a ver. (Mira hacia la lista de pacientes que tiene en la mesa) ¿Cómo se llama usted?

C: Marcelo Buendía.

L: Pues anda, (dice en off) que cuando tenga un mal día… (se ríe)

C: Vengo a ver al Dr, Rata.

L: Doctor, Mata. Mata. (repite) Mata… Sanos.

C: Mata, ay, por Dios. Eso es peor. A ver si va a hacer honor al apellido. Y… me tocará entrar enseguida, ¿verdad?

L: Pues yo no le puedo decir. Tiene usted a tres personas delante.

C: Pero ¿el doctor, va demorado?

L: No, hoy va vestido todo de negro.

C: Y a mí que me importa de qué color va. Lo que digo es si lleva mucho retraso…

L: (Dice en off) El que tiene retraso es usted.

C: ¿Cómo?

L: Digo, que me asoooo, y ¿usted?

C: No, entiendo nada. Tengo que entrar enseguida. Yo no puedo estar con más gente mucho tiempo. Estará todo lleno de virus. Soy alérgico a todo. Me puedo contagiar.

L: Ande, pase a la sala de espera y déjeme… (quiere decir en paz, pero lo cambia y dice:) seguir viendo la novela en el ordenador, que está en lo más interesante.

C: Vale, vale, yo paso, pero ustedes son los responsables si me pasa algo.

(Entra en la sala de espera, da las buenas tardes y empiezan a hablar los tres en voz alta)

Lu: Pero bueno, se pueden ustedes callar. Que estoy trabajando, caramba. No paran de hablar. No puedo concentrarme así. Es increíble. Esto es una sala de espera. Aquí tienen que estar en silencio. (Los otros pacientes le replican). Señorita, señorita, ponga usted orden. Que se callen. ¿Es que se puede hablar aquí?

L: Se puede hablar bajito, con respeto y discreción, despacito (Canta la canción de Luis Fonsi y los pacientes mueven las manos al mismo ritmo) Despacito, quiero respirar tu cuello despacito, deja que te diga cosas al oído, para que te acuerdes que no estás conmigo, despacito…

(Suena el timbre)

L: Paseeee (lo dice un poco harta porque no la dejan ver la novela)

Blanca: (Pasa contoneándose) Holaaaa. Yo venía por lo del blanqueamiento. Les pedí presu… por correo electrónico, pero no me han respondido. (Mientras la recepcionista la contesta, se mira las uñas, se las lima)

L: ¿Cómo se llama usted?

B: Soy Sonsoles, Sonsoles Nieve Fría. Pensé que me habría reconocido. He salido en el programa «Furor uterino», quedé finalista. De los doce chicos finalistas solo me faltó ligarme a dos, y eso fue porque me faltó tiempo. Me dieron el premio especial por ser tan simpática.

L: Señorita, no he visto nunca ese programa.

B: Ay, no me lo puedo creer. Es el mejor reality de tele five. Me reconocen en todas partes. Ya no puedo ir al super sin que se forme un remolino de gente a mi alrededor. La escena que tuve con Carlos…

M: El de los cojones largos, jajajaja

B:  Causó un fenómeno de masas. Lo volví loco. Se moría de ganas de besarme en directo, pero yo tengo novio, ¿sabe? Estoy muy contenta con mi Christy. Es masajista. Mire, mire… (enseña una foto en el móvil a la enfermera), es el más guapo del mundo.

L: (la recepcionista con cara de circunstancias) Sí, sí, muy guapo. Bueno, dígame su correo electrónico. A ver si le hemos mandado el presu… puesto. (Dice así presupuesto porque la presumida dijo presu).

B: Mi correo es: telojuroporesnupi@gemido.com

L: Pues no lo encuentro (hace gestos de estarlo buscando en el ordenador). Pase a la sala de espera y cuando pueda la ve el doctor.

B: Pero que no tarde mucho. Que tengo que ir a ver a mi novio. Si no me ve cada dos horas se pone como un bombero al ver un fuego. Es un cielo. (hace gestos exagerados de que le gusta su novio) (Pasa a la sala de espera y mira por encima del hombro al resto de pacientes). (Luis deja de trabajar y levanta la vista para mirarla).

Lu: Eres Sonsoles, ¿Verdad?

B: Ay, sí. ¿Me has reconocido?

Lu: Toma, no. Pero si eres una sex symbol del 2024.

B: (Con el espejito se retoca sin parar) Muchas gracias. Me lo dice todo el pipol.

(El resto de pacientes se ríen de ella)

M: ¡Miraaaa! El que tenía mucho trabajo… Ahora ha entrado la pija y se le ha pasado el estrés de golpe.

E: ¡Qué color más bonito de pinta labios!

B: Es rojo pasión. A mi novio le subo la tensión (se ríe como una pija)

(Suena el timbre)

L: Paseeeee (cada vez más harta de que no la dejen ver la novela)

Poli: (Entra con pesimismo y la mano en la cara por el dolor de muela) Hola, pedí cita y me dieron a las 7.

L: Pero si son las 5 y media…

P: Ya, pero no sé si con este dolor me puede pasar algo malo. ¿Tendré infección?

L: Y yo qué sé, señor, Yo no soy la dentista.

P: Ya, ya, pero tendrá experiencia. ¿Alguna vez le ha pasado algo malo a alguien con un flemón? Yo es que tengo muy mala suerte. Me pasa de todo. Siempre me ocurren cosas inesperadas.

L: Tranquilo. Eso con un antibiótico le mejora enseguida.

P: Antibiótico, dice, pero si tienen muchos efectos secundarios. Y si me acostumbro a ellos y me pasa luego algo grave no me servirán. Hay casos en los que la gente se muere sin remedio. Y conociéndome a mí, tengo todas las papeletas.

L: Mire, no piense eso, dígame su nombre y pase a la sala.

P: Soy Poli Pésimo Muchosmales.

L: (En off) No me extraña, con ese nombrecito…

(Poli pasa a la sala de espera y da las buenas tardes con tristeza y pesimismo).

M: (Se dirige a Poli) Que mala cara trae usted, hombre.

P: ¿Usted cree? ¿Qué me nota? ¿Me voy al hospital?

M: Nooooooo. Pues vaya que asustadizo es usted. Yo, en cambio, estoy tan acostumbrada a las dolencias que no me altero ya por nada. Lo que sí me altera es esperar tanto.

(Se levanta y se va a por la recepcionista).

M: Señorita. Estoy cansada de esperar. Deje de ver la novela, por Dios, trabaje un poquito.  Guapina, pregunte al doctor qué hace ahí adentro. Llevo 2 horas esperando. Bueno, eso exagerando… pero media hora es mucho más de lo que soporta mi body.

(No da tiempo a que responda la recepcionista porque de dentro de la consulta salen unos gritos de dolor) (Marta se vuelve a sentar con cara de susto)

P: ¿Qué ha sido eso? Ya decía yo que no tenía que haber venido. Si es que siempre me pasa igual. Todo me sale mal. Igual este dentista es un matasanos.

E: Sí, sí. Ha acertado usted de lleno. Es el doctor, Mata Sanos. Yo ya he venido varias veces. (Esther se gira hacia Poli y le habla con complicidad). Me hizo un raspotaje que fue una obra de arte. Bueno, ese día sangré como una cerdita. (Carmelo escucha atentamente esas palabras y empieza a somatizar todo lo que cuenta Esther) (Poli la escucha con cara de estupor y ganas de marcharse de allí)

E: Tuve unos dolores de película, y el analgésico y antiinflamatorio me produjeron una cagalera histórica. (Carmelo siente de todo) (Poli está horrorizado).

E: Fue una maravilla, sabe usted, adelgacé cinco kilos. Me quedé como una…

M: como una sílfide…

E: Esooo, como una, esfinge.

P: Ay, ¿qué hago? Yo me marcho. Seguro que de aquí salgo con los pies por delante.

B: Que aprensivo es usted. Tranquilícese. Yo ya he pasado por cirugía estética 15 veces. Y es adictivo. Cada vez quiero más intervenciones para estar muy guapa. Mi novio es tan chic y tan fashion que, por él, estoy aquí también. Por lo del blanqueamiento.

C: Estoy malísimo, por Dios, si no fuera por eso le tiraba los tejos a la pija. Por favor, dejen que entre yo el primero a la consulta, que no aguanto más. Me duele todo, me cago, tengo fiebre y me tiemblan las canillas. Miren, miren… (Carmelo hace que tiemblen las piernas) Me ahogo… (Esther le da una bolsa de papel para que respire dentro y evitar que hiperventile).

B: (Blanca se dirige a Luis) Mira, tengo retocados los pómulos, los labios, el código de barras, el pecho talla 120, me he subido las nalgas, liposucción de michelines y abdomen, Ay, soy una Barbie, me encanta. Y ahora lo del blanqueamiento, que mi novio está que se depila el ano por verme más blanquita…

Lu: Ya veo, ya veo. No, si estás buenísima, para comerte y no dejar ni los huesitos.

B: Oy, a ver si me llega el presupuesto que estoy deseando aceptarlo. Ummmm, cuando lo tenga todo blanquito…

(Por la línea telefónica interior el doctor llama a la recepcionista)

L: Dígame, doctor. ¿Cómo? ¿Que llame al 112? Que es urgente, grave…

Y a la funeraria…

P: Que mareo (Se desmaya y cae al suelo)

(Todos se levantan y gesticulan. Hablan a la vez preguntando qué ocurre dentro)

B: (Blanca levanta la voz por encima de los demás, que se quedan callados) Pero bueno, ¿qué pasa con mi presupuesto de blanqueamiento?

E: Pero pija, si tienes los dientes más blancos que el nácar.

B: ¿Los dientes? ¿Qué tienen que ver los dientes? Yo he venido a un blanqueamiento anal. (Blanca se dirige al público) ANAL, DEL CULO.

 

 


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