Mientras se escuchaban los vítores y aplausos por la obra, la pareja protagonista hacía el amor detrás del telón. El público comenzó a pedir por ellos, Leticia e Ismael. Sus compañeros fueron los que los levantaron del piso y les arreglaron la ropa para que pudieran saludar.
Cuando bajó el telón, cada uno fue a su camerino entre palmadas calurosas y flores. Al rato, ambos se perdieron en la oscuridad de largos pasillos que conducían a desconocidos sitios, antes de salir a la calle por la puerta trasera.
Leticia, entró a su casa, fue a la cocina, tomó su botella de agua, se desnudó y fue a la cama. Se quedó dormida mirando las manchas de humedad en el techo. Ismael, antes de llegar, pidió un chocolate para regalárselo a su esposa Blanca, que dormía. El muchacho corrió a abrazarla, la besó y le dio el regalo. Luego de una breve charla hicieron el amor con soberbia pasión y se durmieron.
El sol salió. Un nuevo día nacía, nuevos vientos soplarían y amores ocultos verían la luz. Leticia se levantó en horas de la tarde. Se preparó algo para comer, encendió la notebook para escuchar música y con su plato de comida se sentó en un sillón del balcón. Los gritos que provenían de otros balcones la alertaban de su desnudez. Decidió no hacer caso a lo que le decían y pedían. Al terminar, habló con el director de la obra, que le pedía alguna corrección a su actuación.
Ella lo escuchó, pero no le importó. Se tiró en la cama para comenzar a leer el libro de Marguerite Duras, el amante. En su mente estallaron placenteras sensaciones que se transformaron en lascivos
gemidos mientras se masturbaba. “Los besos en el cuerpo hacen llorar. Diríase que consuelan”, era su cita preferida. Llegó la noche y se aprestó para una nueva función. Al llegar al camerino del viejo teatro, se cruzó en la puerta con Ismael.
—Hola—fue el saludo de ella.
—Hola—fue la respuesta y siguieron su camino.
El resto del elenco los saludó a ambos, algo que ellos devolvieron con alegría. Fue el director, Héctor que pidió una reunión con ambos a puertas cerradas.
—Leticia, Ismael. Llevamos tres meses de éxito. Las críticas son excelentes y el público da su presente, cada día. Y todo se debe al trabajo de ambos y de todos los que los secundan. Pero estoy preocupado…Y cuando no entiendo algo, me preocupo. Quiero que sepan que jamás he trabajado con personas tan particulares. Ustedes pasan por todos los estados. Cuando se encienden las luces, la comunión, la química entre ambos es asombrosa. Cuando se apagan cogen como animales en cualquier rincón del teatro. Y cuando se van… No se hablan. ¿Me cuentan de que se trata? Por favor se los pido. Hubo un largo e incómodo silencio. Leticia e Ismael no se miraban, tampoco hablaban.
—Ok. Hay cosas en la vida que no se entienden o no tienen respuesta. Creo que hay respuestas en este caso. Llegarán cuando ustedes lo decidan. Vamos que la función está por empezar—dijo con tono imperativo.
Cuando las luces se encendieron, todo el talento, el histrionismo de ambos brillaba sobre las tablas. El público se emocionaba con las manifestaciones de amor de Leticia e Ismael y la muerte final dejaba a todos sumamente emocionados. Al bajar el telón, la pareja se tomó de la mano y corrieron hacia algún rincón oscuro. Solo vestidos con sus túnicas, él la penetraba con furia mientras ella dejaba caer los orgasmos como gotas de lluvia.
Cuando los venían a buscar, acomodaban malamente sus cabellos, la única vestimenta y salían al escenario para recibir la ovación. Al extinguirse las luces, se soltaban y cada uno tomaba su camino.
Nadie podía llegar a entender la relación de estos dos extraños seres humanos.
—Yo lo lamento por Blanca— dijo una actriz de la obra en la cena.
—¿Por qué? ¿Acaso estos dos se aman? No, ni se hablan fuera del escenario—dijo Lorenzo, otro actor.
—Solo tienen un episodio animal al terminar la obra. Y eso es todo. No sé, pero bueno…Es la vida de ellos.
Luego de muchos meses, la obra llegó a su fin. Héctor siguió buscando las respuestas de Leticia e Ismael, pero no logró nada. Sus asistentes, Lorena y Charlie, ambos recién recibidos, tampoco pudieron sacarles alguna palabra. Esa noche era la última función. Todos se preguntaban qué pasaría con aquellos actores monstruosos, de dudosa moral y cordura. El escenario brillaba cuando comenzó la obra. La pareja tenía una luz especial. Estaban regalando la mejor actuación de sus vidas. La emoción les ganaba a todos. Incluso al director.
Ya en el final, cuando Leticia estaba en su lecho de muerte, algo ocurrió. Ismael debía acercarse a ella, arrodillarse a su lado y contarle un secreto. Fue entonces que el muchacho se quedó inmóvil en medio del escenario por varios minutos. Luego se sacó la túnica y quedó desnudo. Ella lo miraba.
El público permanecía anclado a sus asientos, expectante mientras el director se imaginaba lo que ocurriría. También el resto del elenco. Él se acercó, le sacó la túnica y comenzó a besarla.
Luego se tendió sobre ella y la penetró con ferocidad mientras la mujer lanzaba musicales gemidos de placer. Estaban haciendo el amor delante de toda la platea. Hubo algunos que decidieron retirarse, pero la mayoría se quedó aguardando el final. Con el último orgasmo, Ismael le contó el secreto y ella cerró los ojos para siempre. Nadie se movió de sus butacas. Fue luego de tensos minutos, que alguien aplaudió. Lo siguieron otros y terminó todo en una ovación estruendosa. Parecía no tener final, la
aprobación a la obra y especialmente a aquel final.
Los actores saludaron al público, desnudos.
Y fue ese hecho que desencadenó la locura en el teatro…
Todos comenzaron a gritar y a desnudarse. La mayoría no había tenido experiencias sexuales, pero imitaron lo que habían visto en la obra montada en el hospicio. El director de la clínica, de pronto entró a la sala y ante semejante descontrol llamó a los guardias que empezaron a llevar a los pacientes a sus cuartos.
—Héctor… ¿QUÉ ES ESTO? EXPLICAME POR FAVOR.
—Perdón Mariano, perdón.
Conocías la particular relación Leticia e Ismael. Planearon un final distinto. El sexo alteró a todos y el caos estalló entre los pacientes. Pero quédate tranquilo que todos están en sus cuartos, sedados. Mañana tendrás el informe preliminar de la experiencia.
—¿Tampoco Lorena y Charlie? Me llama la atención. Son excelentes psiquiatras.
De pronto, fue Charlie el que entró abruptamente a la sala para gritar desde la puerta:
—SE ESCAPARON, LETICIA E ISMAEL SALTARON POR LA VENTANA DE LA COCINA. ROBARON ROPA DEL PERSONAL, DINERO Y DESAPARECIERON…
Un año después.
—Amor, ¿Estás lista?
—Si, Ismael, vamos.
Salieron caminando de la pensión donde alquilaban una pieza de cuatro por cinco, con rumbo a la agencia.
—¿Pensás que pasaremos la prueba? En realidad, no somos actores—dijo ella.
—Mi amor… Somos los mejores actores del mundo. Engañamos a todos los profesionales de la clínica psiquiátrica. Si logramos eso…PODEMOS.
Se miraron a los ojos y bajo un cielo gris y amenazante, se besaron, logrando que un rayo de sol se escapara por un minúsculo hueco y se posara sobre ellos…
@Richard
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