lunes, agosto 17 2026

Adultez by Liliana López Valentín

¿En qué momento te diste cuenta de que ya eras oficialmente adulto/a?

Cuando obtuve la Identificación Oficial fui oficialmente una adulta, claramente así fue los ojos del Estado, de mi familia y de las múltiples instituciones sociales en que me iba a desarrollar desde ese entonces. Pienso que sí, que efectivamente lo fui desde que fisiológicamente terminó mi adolescencia, aproximadamente a los dieciocho años, coincidió justo cuando la ley lo determinó, para qué tardarse más, si cuanto más tiempo, más dinero le costaba al gobierno mexicano, quien tenía una obligación autoimpuesta para darme alguna beca por ser menor de edad y estar en una etapa escolarizada; y a la familia, pues se gana otro miembro que legalmente ya puede unirse a la fila de quienes aportan a los gastos de la casa.

Crecer rápido es lo más favorable para todos, incluso lo iba a ser para mí, si no fuera porque entre que eres adulta y lo asumes pasan muchas cosas. Aprender a tomar decisiones es como cualquier otra habilidad, al principio no dominas ni lo más mínimo, pero por algo se tiene que empezar, y te gradúas cuando luego de una mala decisión ya estás lista para aceptar al menos una consecuencia de lo que elegiste. Tampoco sabemos si estamos tomando una buena o mala decisión en muchas ocasiones, porque la sintomatología no da indicios sino hasta que estás en la cima o en la mierda. Por ejemplo, no sé en estos momentos si quedarme en casa a escribir haya sido mejor que ir a la iglesia o salir con algún amigo, en realidad a partir de algo tan trivial podían definirse los siguientes diez años, o incluso el resto de mi vida.

Pienso también pienso que comencé a ser adulta cuando pude notar los patrones de mi conducta y hacerme cargo de ellos. Me he dado cuenta de mis síndromes, de mis manías, de mis obsesiones, de mi particular forma de reaccionar ante el ataque o el miedo de un animal; puedo predecir de qué forma reaccionaré si alguien me insulta en la calle o qué pasaría si de pronto tengo otro perro, un hijo. Soy predecible para mí misma y eso, afortunada o desafortunadamente, es algo que me hace ser parte de un cuantioso número de adultos.

Quizás crea ahora mismo que esto significa la adultez, y tiempo después sea capaz de alterar los resultados de cada una de las combinaciones mías y eso me coloque en un rango de adultez más sofisticado; pero también cabe la posibilidad de que poco a poco retroceda, gane inmadurez, retorne a los círculos concéntricos de la juventud y logre la anhelada adultez que rechazan los creyentes. Quizás de pronto, un día, sienta un extraño miedo a la noche, un miedo que provenga de las posibilidades de haber encontrado por fin vida extraterrestre en mi patio trasero, y entonces sí, sea una adulta disfuncional para la mayoría de escépticos. Puede ser que mañana quiera ganar un poco más de dinero y entonces me busque otro trabajo y logre ser una adulta disfuncional para los punks; o qué tal, de pronto en un ataque de cosas por elegir, me aleje de las letras y logre ser una adulta disfuncional para mí misma.

Ser adulta también implica comprobarme, cada día un poco más, que la adultez siempre se lleva consigo alguna insensatez, de entre las muchas tantas que tiene el hombre para experimentar.


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo