jueves, agosto 20 2026

El tiempo por Laura Redondo

¿Qué es el tiempo sino un tirano adicto a la crueldad de su dominio?

Observen cómo sonríe, cínico, a los jóvenes que creen ¡ilusos! ser poseedores de la dulce eternidad. Qué farisea bondad les ofrece ¡qué artificial espejismo!

¿No es acaso el tiempo un gobernante sarcástico? Diluye los días con su tic tac imperturbable y al que vive le arrebata las horas, pulverizándolas al quebrar el silencio con sus agujas de inagotable perseverancia. ¡Ah! ¿Pero y al que no vive? A ese, dice el muy ruin, hagámosle más pausado el suplicio de ser, hasta que el mismo respirar le resulte insoportablemente lento y, agónico, encuentre en el tránsito al otro mundo el más dulce de los finales.

Es un implacable sátrapa que, por capricho, discurre con mayor lentitud cuando entre los dos amantes que de su pasión viven, media la terrible e insalvable distancia ¡Ah! pero es tan fugaz cuando se hallan el uno en brazos del otro derrochando lujuria y bebiéndose a tragos. Qué angustiosa e
interminable es su espera cuando son lejanos y cuán frágiles son sus horas siendo uno solo…

Es un sádico fugitivo, un esquivo caprichoso… El tiempo, ese bribón escurridizo que posee el insoportable relativismo de quien goza de su virtud o teme de su falta, o huye o regresa, o ama o desea… ¿Puede alguna otra cosa, ser, humano o concepto, ser más amado y odiado a un mismo tiempo? ¿Ven lo que digo? De nuevo el tiempo… hasta en la contradicción se halla presente y,
sin embargo, nadie es capaz de ponerle precio; de alargarlo o acortarlo a conveniencia; de moldearlo… de gobernarlo, de encerrarlo y poseerlo sin límite.

@Laura Redondo

@Imagen Pinterest


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