Afuera hace frío y no me apetece salir. Tampoco a mi gato, que prefiere el calor de la estufa a la intemperie. Hace media hora que está inmóvil frente a la ventana, mirando a un gorrión posado en la cornisa de la casa de enfrente. El pájaro no hace nada, de vez en cuando mueve la cabeza, pero el gato no deja de mirarlo. Y yo pienso: qué tontos son los animales, pasar el tiempo así, con qué poco se divierten. Y me doy cuenta de que yo llevo media hora mirando cómo el gato mira al gorrión que no hace nada…
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