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LA LOSA by Silvia Salafranca

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Nuestros escritores, y Silvia Salafranca buscan los motivos últimos que empujan a los supervivientes en esta nueva serie -j re

La vida, desgraciadamente, supongo que desde que nacemos se convierte en una moneda lanzada al vuelo, donde se echa a suertes lo que nos ocurrirá desde ese momento, cara o cruz que gira marcando situaciones. Realmente solo recuerdas lo que a cierta edad tu consciencia comienza a grabar, el resto se agarra a fotografías y a lo que nuestros allegados nos van recordando de nuestra niñez.

En mi caso había decidido a borrar todo aquello que me minimizaba hasta el punto de sentirme nadie o nada.

Aún recuerdo cuando el psicólogo, después de fallecer mi padre, comenzó a tratarme, retraída hacia el mundo, mi tía Emma gestionó todo para esa primera cita.

̶  Mónica, en nada nos atienden. Me ha dicho la recepcionista que somos los siguientes, pero yo me debo quedar fuera, aquí estaré para lo que sea, recuerda que es por tu bien y te ayudaran a sacar lo que te esté atormentando.

Asentí con la cabeza. Ya habían pasado tres semanas desde que murió mi padre y en estos últimos días por fin había conocido la verdadera razón de su muerte. Un suicidio que habían tratado de ocultar varios familiares que no había visto nunca, entre ellos mi tía Emma, supongo por no hacerme daño. Está claro que solo tenía 14 años, pero debe de ser que me habían tomado por una niña frágil e ingenua, solo sabía de ellos por algún comentario de mi padre en ocasiones contadas y llegaron aquel día para darme la noticia diciéndome que se encontraban todos juntos, alrededor de mi padre quien murió de un ataque al corazón.

Veía salir a un hombre con bata blanca en ese momento:

̶  ¿Mónica? Un placer soy Héctor, pase por favor.

Fue el día donde exterioricé lo que me había callado.

Tras unas preguntas iniciales me indicó que para estar más cómoda expresase todo, sentada en el diván, que el simplemente escucharía mis temores.

̶  Pero no sé por dónde comenzar.

̶  Es normal Mónica cuéntame lo que desees, lo que te genere temor, lo que tengas dentro con ganas de gritar, lo que desees dejar atrás, para eso estamos, yo me sentaré aquí detrás para que lo puedas hacer sin sentirte observada.

Me acuerdo que me costaba ir a los temas más duros. Comencé por aquello que te cuentan.

̶  Bueno, he vivido con mi padre siempre. Mi madre me abandonó cuando era recién nacida y nunca supe nada de ella, mi recuerdo es en las urbanizaciones jugando con los niños, no mucho la verdad.  El resto me veía con mi padre en el bar a su lado rodeada de señores mayores viéndole beber hasta que pasaban las horas. Cuando llegaba a casa el miedo me atrapaba, mi padre con los amigos era alguien al que apreciaban pero después de beber se transformaba en un horrible monstruo que ni conocía. Yo al estar solos desde los seis años tuve que aprender a cocinar ya que él se tenía que ir a trabajar y me tenía que encargar de las tareas.

Poco a poco proseguí, no en una única sesión sino en diferentes días, explicando situaciones: como verme mi padre fregando y al llegar borracho lanzarme un montón de platos a la pila y una vez rotos decirme que los volviera a fregar.

El dejarse el brazo por no aprenderme las horas, o darme una brutal paliza con cada uno de los zapatos de mi armario por haberme dejado unos fuera, no olvidaré cuantos zapatos tenía pues estuve una semana con el culo negro de manera literal por los moratones sin poderme sentar. En cada sesión las lágrimas caían en más de una ocasión.

Héctor la verdad que siempre al darse cuenta cambiaba totalmente de tema o enfocaba mi conversación de otro modo para que lograse liberar todo lo posible.

Tal vez todo esto podía haber pasado por un simple confesionario en una iglesia pero claro, para mi tía Emma a la que poco a poco la iba cogiendo aprecio decía: “mens sana in corpore sano, los doctores están para algo” No llevaba yo muy bien el sacarle cierto parecido a mi padre, pero a pesar de que yo aún no lograba hablar con ella sin asentir ella si me había dejado para conocernos, aquellos pequeños momentos de su vida entre ellos uno que nos unía  y era que ella había tenido un aborto en su tiempo, provocado  por una infección que la había dejado totalmente estéril. Sentía que entonces yo era la niña que no había nunca podido tener y ella era persona que sin que yo aún confiase podría darme una nueva realidad diferente a mi anterior infierno.

Si tengo constancia —por escuchas telefónicas, que mi doctor poco a poco la iba poniendo al día con mis logros y con todo lo que yo había pasado, para que supiera o a qué atenerse.

Supongo que en la cuarta sesión fue cuando logré expulsar lo más duro de mi calvario me metí en aquellos temas donde un padre que nunca ha sido padre se olvida de que tiene una hija para abusar de ella, para que con sus manos sucias y su aliento a alcohol la soben hasta el punto de repudiar su vida y esté cada día sometida al temor haciéndole desear su muerte.

Alargándose cada situación hasta aquellos 14 años donde un día cambias las sonrisas fingidas y los deseos de ir al colegio por coger a la profesora que más admiración tienes y contarle todo.

Aún recuerdo los ojos de Mª Teresa con el asombro del no saber de qué manera actuar pidiéndome que me quedase en el aula.

Aquel día cambiaron las cosas por completo no yo, mi forma de ser estaba destruida oculta en una coraza que había bajado mi nivel escolar.

Recuerdo como había construido mi muerte de diversas maneras viendo como un cristal por miedo, no corta unas muñecas que a pesar de todo, quieren a quien sostiene el cristal que luche por vivir. Mª Teresa aquel día me llevó a su casa. La junta escolar así lo había decidido informando a mi padre que sería denunciado, no pasaron ni veinticuatro horas cuando se presentaba nuevamente mi profesora y tutora para darme la noticia de que mi padre había fallecido. Aún recuerdo mi reacción con una risa nerviosa que expiraba el alivio del miedo, sabiendo que en cierto modo todo, aunque yo estuviera desecha y mi infancia destruida hubiera acabado.

Lo siguiente que traté con Héctor a partir de aquella sesión fue el dejar atrás el pasado y vivir el ahora.

Mi tía Emma después de las últimas sesiones se volcó conmigo totalmente y un día sin darme cuenta en una de sus preguntas, dejé de asentir con la cabeza. Verdaderamente aquel día sentí el primer abrazo de mi vida, sentí lo que era recibir el cariño gratuito de una mujer que siendo familia mía, solo conocía por algún comentario.

El tiempo pasó y dejé de acudir a las sesiones de Héctor que había conseguido hacer muy bien su trabajo.

Comencé a ser niña con 14 años con las ilusiones de que alguien hubiera recogido aquella moneda que al nacer un día lanzan al vuelo y cae en cruz para volver a lanzarla.

Hoy le tengo que presentar a mi tía que hace tiempo llamaba con orgullo como madre, a mi futuro marido. Ella había conseguido que tuviera una carrera como psicóloga y todo lo restante desde mis 14 años hasta los 32 años.

̶  Julio te presento a mi madre Emma.

̶ Un placer Julio, me ha hablado mucho de ti mi hija.

̶ Encantado, a mi me ha pasado lo mismo, hay veces que Mónica parece que hubiera comido lengua.

Se decían entre bromas ambos.

Han sido 4 años de noviazgo de estupendos momentos que me han hecho olvidar mi pasado por completo. Por todas las personas que un día se encargaron de liberarme de mi caída sin frenos hacia un precipicio.

Hoy gracias a mi madre me veo en el altar, ella limpiándose alguna lágrima y mi profesora Mª Teresa dos filas más atrás y todas las personas que después de muchos miedos me comenzaron a conocer, amistades que me aprecian por como soy.

̶  Dame un beso cariño ¡estas preciosa!

̶  Mama me vas hacer que vaya el maquillaje.

̶  Te quiero hija. Vamos que comienza la música. Qué alegría más grande hija.

Antes de dejarme en el altar frente a Julio que llevaba un rato esperando la di un abrazo de esos que solo ella me había enseñado.

̶ ¡Te quiero mama!

Los ojos de Julio, sus manos temblorosas y sudadas por los nervios me descubrían que era el hombre de mi vida y yo la mujer más afortunada del mundo.

̶  Yo os declaro marido y mujer.

Ahora en el convite con mi madre, aquella que jamás lo fue pero es y será la mejor madre del mundo, la miro a los ojos y entiendo que la vida es muy larga y la moneda pude dar muchas vueltas… si uno lo desea.

 

 

 

 

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