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Últimas Palabras

Por: Alicia Trujillo

Desde la llamada del médico anunciando que era cuestión de pocas horas- días, a lo sumo- Oscar cogió el primer avión para llegar al hospital.  

Al ver llegar a su hijo, asomó en Carlos una tenue sonrisa y mantuvo los ojos abiertos (con esfuerzo) por menos de diez minutos.

 El segundo día la enfermera aumentó la dosis de morfina; y la vida iría apagándose en él como la débil llama de una vela.

Estaba anocheciendo cuando Oscar arrastró el sillón para ponerlo junto a la cama de su padre; se sentó, le cogió la mano y comenzó a hablarle:

_ Varias veces he intentado escribirte una carta, pero me costaba mucho empezar. Hay tanto que siempre he querido decirte… ¿sabes? desde que ocurrió lo de Felipe, hay un sueño que no me deja, incluso a mis cuarenta y dos años lo sigo teniendo. En el sueño me despierto y te veo a ti observándome desde la puerta con la misma escopeta con la que le disparé, te acercas y me la das, cuando la cojo está ardiendo, la tiro inmediatamente al suelo, y vuelves a cogerla para obligarme a tenerla en mis manos, aun sabiendo que me quema… La sensación con la que me despierto es terrible, es la misma sensación que tuve de pequeño por la forma con la que me miraste al enterarte de lo sucedido, no puedo borrarme esa imagen…Desde la muerte de Felipe pusiste una barrera de acero, nunca volviste a ser el mismo, ni con mamá ni conmigo. Te recluiste en ti mismo…  Y yo sé que pensabas que me hacías un favor llevándome con los mejores psiquiatras y psicólogos, pero joder, yo lo que de verdad necesitaba era tu presencia… Sin embargo, tus prolongados silencios, tu distancia… no nos lo pusiste fácil. De mayor ya no sabía cómo conectar contigo, sentía que un abismo nos separaba, y hasta hace poco no he sido consciente del rencor que te guardaba por eso, por no ser capaz de acercarte y darme un abrazo cuando me veías solo, ensimismado, apático… o porque apenas salía de tu boca un cómo te sientes Oscar, aquí estoy… un te quiero… Sé que no es el momento ideal, pero necesito decírtelo, porque me está comiendo vivo esto que llevo guardado; ¿te digo algo más? desde aquel puñetero disparo, todas las noches durante varios años, rezaba en mi cuarto  pidiendo poder estar en el cielo con él; cuando fui creciendo y ya no creía en Dios, ni en un cielo, sólo deseaba dejar de sentir… ¿recuerdas el accidente de coche que tuve en Ibiza por el que estuve dos días en coma? No sabes cómo odié abrir los ojos y darme cuenta de que seguía vivo…

 Oscar trató de contener el llanto que asomaban en sus ojos, hasta que una fuerza mayor a la de su voluntad liberó la expresión. Se produjo un largo silencio después interrumpido por una enfermera que abrió la puerta para preguntar si necesitaban algo. Gracias, todo bien. Con las lágrimas todavía húmedas en su mejilla continuó:

_Mamá, en lo poco que hablaba, me decía que tenía que comprenderte, que cargabas con una gran culpa por haber sido tú quién dejó las armas de cacería al alcance, en una casa donde estaban niños jugando- incluso creía que tú cáncer fue producto de eso-… y lo entiendo, al fin y al cabo, murió tu sobrino, tus hermanos no volvieron a dirigirte la palabra… pero la víctima real, papá, no fuiste tú. Fuimos Felipe y yo. Lo que empezó siendo un inocente juego entre primos, acabó con la vida de él, y con mi infancia al apretar el gatillo… Luego se instaló esto en mí, esto que me aplasta a cada paso que doy y que no da tregua… y es algo que sé que no va a desaparecer, lo tengo asumido, así como sé que tú no me lo podrías haber quitado, ni tú ni nadie; pero no puedo evitar este rencor, y sobre todo el dolor por privarme de la fortaleza que tanto necesitaba de ti… realmente, los dos nos necesitábamos…  y ahora estás a un paso de irte de este mundo, no sé ni siquiera si puedes escucharme, y me doy cuenta de que, de alguna manera, sigo sintiéndome el mismo el niño de nueve años que tan desesperadamente te necesita, que tan desesperadamente desea que aún nos quedara tiempo para poder recuperar un pedacito de todo lo que nos faltó…

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