
A veces, cuando rompe la noche, el brillo enciende tus ojos, el regalo de un dios desconocido. A veces, cuando rompe la noche, me inunda un mar turbulento que me obliga a vagar por el olvido. A veces, cuando rompe la noche, se quiebra la lágrima, en el cristal de mi impotencia. A veces, y sólo a veces, cuando rompe la noche, se apaga la llama del dolor. Y resucito en tu cuerpo.
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