

Recogiste del campo tres polluelos
y con paciencia infinita nos enseñaste a
hacer de unas ramas nuestro nido.
Sé que aún te duele mi vuelo tan lejano,
pero no sabes que vuelvo cada día
con un beso en forma de guijarro, lo
dejo a los pies de tu cama, bajando
mi cabeza en reverencia a la mujer
que me dio el cielo.
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