narrativa

La sublimación del arte y el deseo.

By Luisana Perdomo

Madrid, tiempo actual…

 Soy Laura Anthóm, escritora y pintora, amante del arte de corazón y profesión, como toda mujer con sueños y aventuras, todas reales, eso de la ficción lo descarto, no me convence, siento que pierdo mi originalidad, pero en sí, eso no es lo que quiero contarles en esta oportunidad, sino algo que marco mi vida de manera radical, con pruebas en lienzo que no puedo borrar:

Barcelona, tiempo atrás…

Eran las cinco de la tarde, llovía a cántaros, no había ruido, solo se escuchaba esa voz que desde hace días me llamaba, no sabía qué hacer en realidad, era extraño, muy extraño, no tenía miedo, era todo lo contrario, tenía curiosidad, quería ir y descubrir quién me llamaba del otro lado de la calle, no estoy loca, solo me intriga ¿quién está ahí?

De repente dejó de llover, decidí salir de mi apartamento e ir por pan caliente y un poco de chocolate, y sí, ¿por qué no descubrir quién está ahí al lado de la calle llamándome?, llegué a la panadería, aún había algo de lluvia, caían gotas de roció,  con algo de brisa, era poca pero igual podría mojarme, dejé mi sombrilla, no sé porque la olvidé, de repente escuche esa voz, di media vuelta rápidamente y estaba ahí, no era un reflejo, justo  frente a mí, no lo podía creer, al mirarlo a los ojos me perdí, el brillo que le rodeaban sus hermosos luceros me atraparon como un imán, casi de inmediato, me sentía perpleja, estaba ida, no podía ni hablar, era realmente hermoso, alto, de contextura formidable, de vestimenta elegante, podría decir que era un empresario, ni hablar del rico olor de su perfume, me sentí tan indefensa, no tiene explicación alguna, era como perderse en el tiempo y volver.   

Al terminar de cancelar la cuenta de la panadería me dirigí a cruzar la calle para ir hasta mi apartamento nuevamente, me encontraba algo distraída, no vi venir un coche, pensé que me atropellaría pero él estaba ahí, justo me tomó del brazo y me haló hacia su cuerpo, era tan formidable, no entendía lo que él quería realmente, pero que segura me sentía entre sus brazos, respiré y lo miré, contuve mis nervios y le pregunté: ¿Dime que deseas de mí? ¡No te conozco! ¿Quién eres?

Él me respondió: Soy Enzo Rinaldi, no creo que me recuerdes, aunque coincidimos en la exposición de arte de Notre Dame, quedé impresionado por no decir que intrigado con su presentación sobre el renacimiento del cuerpo femenino a través de su figura a mano alzada, la busqué y no la encontré al terminar el evento, quería preguntarle el motivo de su inspiración, pero no tuve suerte, así que decidí investigarla y viajé hasta acá, solo para conocerla, no fue fácil, pero la encontré, sé que llevo días expiándola, me disculpo por eso si le asusté, no es mi intención hacerlo, solo he querido entablar una conversación con usted señorita Laura, espero me permita eso, y si es posible algo más.

-¡Dios!

No sabía que hacer o responder, pocas veces me ocurre algo así, no lo puedo creer todavía, ¿Qué podré hacer?, miré a los lados y le dije: ¿Acepta una taza de café? ¿Quizás Chocolate?

Me respondió con cautela y con un tono seductor: Desde luego que sí señorita Laura, después de usted.

Era increíble, su cordialidad me atraía de una manera descomunal, no estoy loca, solo quiero correr el riesgo.

Fuimos hasta mi apartamento, le invité a tomar asiento mientras preparaba el Chocolate, a medida que trascurría el tiempo entablamos una conversación muy agradable sobre el arte y la pintura, sin mencionar que era un conocedor de la poesía, era artista, que podía esperar, se había hecho tarde y decidió marcharse, realmente no quería que se fuera, sentía mis bragas mojadas, ese hombre me causaba placer con solo mirarle, nos despedimos, pero me invito a comer con él ese fin de semana, así que acepté. Luego de que se marchará corrí hasta mi habitación, no lo soporté y me complací, sabía cómo hacerlo y de qué manera, lo disfruté, puedo decir que dormí divinamente.

Barcelona, días después…

Era sábado, hacia un clima muy delicioso, no quería levantarme de mi cama, pero escuché el timbre, me levanté y ahí estaba, justo en mi puerta, no era la hora del almuerzo pero ahí estaba, le saludé y él me tomó de la cintura, olvide que estaba sin ropa interior, no me importo, le abracé y nuestros labios se rozaron, él se disculpó pero yo le miré con cara de inocente queriendo que besará más y más, él lo dudo por un momento pero siguió, le correspondí con gran pasión, le besé tan fuerte que no pude contenerme, la puerta se cerró sutilmente y llegamos hasta el sillón de la sala, nos miramos y de inmediato supe lo que quería, me le senté encima, me subí mi vestido de seda me posé ante él, sus delicadas manos recorrieron cada lugar de mi cuerpo, me lo hizo lento y rápido, una y otra vez, era agresivo y delicado, estaba realmente extasiada, de repente al mirar por la ventana nos dimos cuenta que había empezado a llover, no podíamos salir así, decidimos pasar el día en casa, había vino, uvas, queso y pan, no se necesita más, encendimos la calefacción y la pasión volvió aparecer, era delicioso, realmente hermoso, al pasar las horas llegó la tarde, él se quedó observando mi cuerpo, me preguntó si tenía un pincel y un lienzo, le dije que sí, decidió pintar mi figura como recuerdo de ese encuentro, posé ante él, fue un momento único, el cuadro quedó impregnado en mi memoria y corazón, además de ser una obra de arte para mi exposición, fue arte sin explicación.

Barcelona, horas más tarde…

Era de noche, Enzo decidió marcharse, me dio un beso de despedida, y creo que así fue, no lo vi más, ni en exposiciones ni en la esquina de la calle, no sé, fue una pasión de momento, una tarde de invierno, un recuerdo plasmado en un lienzo, una entrega de amor sin comienzo…

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