narrativa

Una bruja en la bastilla by Antonio Toribios

No puedo presumir de empezar a leer a los 3 años, o de haber traducido a Homero con 14, como algunos prohombres antañones que aparecen en las antologías. Tampoco sé cuándo se produjo la epifanía que supone penetrar en el mundo prodigioso que hay detrás de ese telón de extraños signos cuando se da con el ábrete sésamo adecuado. Pero sí me acuerdo del momento, y de que fue con un tebeo de aventuras de aquellos apaisados que se compraban en los quioscos. Recuerdo también mi tremendo anhelo de los meses anteriores a ese instante, y la fascinación que me producía ver a mi madre traducir a sonidos las líneas que previamente iba siguiendo con el dedo cuando me leía los capítulos de La dama de las camelias que venían –lo que hemos perdido– en una revista de las que ahora llamamos “del corazón”.

Mi primera experiencia como creador de historias se produjo algo después. Una tarde cualquiera, cogí un cuaderno y escribí un título: La bruja. No sé por qué precisamente ese. Quizás movido por aquellos títeres de cachiporra que venían al barrio por San Juan, donde el personaje más malvado, y por ende el que más acaparaba la atención infantil, era la bruja Ciriaca. Salía siempre elaborando hechizos en una olla humeante, y huyendo de los recios estacazos que el héroe, jaleado a conciencia por la chiquillería, le propinaba. Aquellos eran tiempos violentos sin paliativos y al malo había que escarmentarlo.

El caso es que cogí mi boli Bic cristal y tracé unas cuantas líneas sobre la vida y maldades de la susodicha. Fue en un cuaderno de espiral y cuadrícula, o en uno milimetrado o quizás de los llamados de dos rayas. No lo recuerdo, como tampoco las vicisitudes concretas por las que hice pasar al personaje. Solo sé que acabó guillotinada en la Bastilla. Extraño fin, más propio de una beata o una marquesa, pero fue el que mi mente infantil consideró adecuado. La culpa creo que la tuvo otra historieta de las que ya entonces era lector acérrimo. Lo sería mucho tiempo, y luego me pasaría a los libros y acabaría escribiendo algunos. Efectos secundarios del extraño vicio de leer.

ANTONIO TORIBIOS


Mi última publicación es un relato del libro colectivo CUENTOS DE LA NUEVA NORMALIDAD, editado por Marciano Sonoro Ediciones.

https://www.marcianosonoro.com/otros-libros/sobre-cuentos-de-la-nueva-normalidad/

En breve saldrá a la venta en esa misma editorial mi obra EL ENVÉS DE LOS DÍAS, una colección de 366 microrrelatos que se corresponden con cada hoja del almanaque.

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