Archipielago

IcanHearYouHavingSex: Bedroomspy (1) -New York- by j re crivello

En IcanHearYouHavingSex –quien da título al libro; y responde a las historias de 5 nombres de modem reales de Nueva York, sus dueños –en la trama- asisten en una semana a diferentes sesiones de Alcohólicos Anónimos

Es martes, el grupo de los AA se ha dado cita a las 10. Todos llegan con un dolor de muelas o un saco de desastres volcánicos. Una limousine se detiene y de ella baja uno de los integrantes, es Brenda Miller Gross, cantante famosa y llena de estilos. Al bajar y toparse con Bronco Newman este le previene: “deja fuera a toda esa mierda”. Para Brenda es un aviso que los fotógrafos y la comitiva han muerto en la puerta que da a un antiguo gimnasio. Luego vendrá un pasillo y esa sala dilatada y redonda, donde todos casan sus experiencias. Hoy el tipo calvo lleva gafas de sol, Bronco Newman, buen observador ve detrás una leve hinchazón de noche de juerga con final lleno de astillas –y ríe. Hace años que no se le escapa una risa grasienta y hábil. Hace tiempo que no está feliz. Ayer por la tarde después de la sesión se ha apuntado para la maratón de Nueva York y ha decidido ir a la de Barcelona y sucesivas. No sabe de dónde sacara la pasta. Pero su amiga y cantante -Stefani Joanne Angelina como se llama en privado- le ha prometido darle dos huesos y una dirección de un productor musical de esa ciudad para que le aguante unos días. Se sientan, el grupo esta escindido entre los que aman la vida y los que definitivamente creen que la suciedad que arrastran solo se compensa con más alcohol y que están aquí obligados por una señora de los servicios sociales –diremos Lupita R- que les suelta 893 Euros para aguantar el chaparrón. Brenda esta con ganas de irse de la lengua y dice sin más:

–Soy Brenda Miller Gross. Una… ¡máscara!, que baila en los escenarios y no puede detenerse. Vivo en el Hilton en una suite donde duerme mi celador, mi manicura, mi representante-secretaria y mi perro Bosniack. A veces, “creo en verdad que tengo dos corazones; o que en realidad llevo dos almas en mi cuerpo y que estoy viviendo lo que quedaba de su vida y de su valor; a medida que me he hecho famosa –continua-, la separación entre una tía muerta hace tantísimos años y la niña que flota angustiada dentro de mí, me hace imposible ni siquiera dormir”. Y, deteniéndose, se quitara las gafas, todos observan unos ojos intensos y llenos de vida con una pequeña línea roja de irritación montados en una nariz curva, lo que le conferían una personalidad exuberante. En aquel largo silencio, la irritación dominaba a sus miembros, cada silla dura y recta, de madera recubierta en plástico esperaba la continuación de algún testimonio aunque volvería a escucharse un grito:

– ¡Quítese las gafas! —exclamó Brenda con fuerza. Se refería al calvo psicólogo que hacía de mediador. Este, sin resistencias puso la montura en el suelo. Un ojo negro lleno de dobleces de piel le dejo más ridículo que antes. Las risotadas de Bronco Newman se contagiaron al resto del grupo. Para Bronco la risa era una nueva sensación que le dejaba la quijada desencajada e impracticable. Brenda continuo: “Mi nombre es Stefani Joanne Angelina, toco el piano desde los tres años y he comido mucha mierda para llegar a la cima”. Y repetir como si fuera un salmo:

–Me he convertido en una máscara. Al volver a mencionar esa palabra, los demás temblaron. Los alcohólicos –continuo- amamos la vida pero repetimos siempre la misma gesta —concluyó.

– ¿Cuál?  –le interrumpió Bronco Newman

–La de mostramos llenos de afecto y escondernos detrás de la máscara, detrás de ese fracaso. “¡Somos bedroomspy!”. La palabra sonó como un latigazo. Y la repitió: ¡bedroomspy! Bronco Newman dijo:

–O sea que espiamos la vida ajena, por no atrevernos a vivir las propias. ¡Suena bien! Para un negro como yo, la doble piel, la vuestra blanca y la mía, ¡joder! aumenta nuestra dificultad. –Y miro a Brenda, cada segundo de aquella energía les unió como si fueran dos mitades llenas de cafeína. Brenda dijo:

–He decidido volver a mi interior y pegar cada pedacito.

– ¡Y dejar la bebida! –pronuncio en voz alta el grupo. El tipo calvo, del ojo oscuro y bata blanca agrego con tono de funcionario que le han puesto allí para civilizar la tribu.

—Unir es un paso para sanar. Aquello sonaba a tan falso y prefabricado que…

– ¡Una leche! –grito Bronco Brown. Y riendo puso contra las cuerdas al tipo con una frase del estilo: “somos un mar de descontrolados y ajenos a esa ola que allí fuera consume, sueña, y escucha las canciones de Brenda. Pero dentro, ellos -y nosotros- al levantarse por la mañana y estar frente al espejo, solos, ansían que su pasado sea perfecto y su mujer actual o su hombre actual les compense con carne de cerdo”.

–No es así –intercedió Yack Z-, un anglo escapado de Wall Street. Pero si lo es –corrigió. Cuando tienes tu cochazo, tu VISA, tu rubia llena de plástico y los chicos –uso una frase latina- en los mejores coles, solo trabajas para mantener el status. Eres un workaholic, la palabra le situó en la carrera -y confeso: “estoy aquí por ello” y volvió a cerrarse. Parecía que la sesión se había trabado y nadie sería capaz de decir algo; Robert Triss se puso de pie, jugador, vendedor de coches, fabricante de gominolas, y dueño de una gasolinera del bajo Manhattan. Se levantó y casi al llegar a la puerta -dijo:

– ¿Y si mañana hacemos la sesión en mi antigua fábrica de gominolas? El moderador calvo no pudo decir nada. El grupo asintió. Robert Triss dijo antes de irse: Les espero en: 745 East 141 Street del Bronx. “Tu negro lo conocerás –agregó-, es el Police Center”. Todos se pusieron de pie para marcharse. Brenda en aquel descontrol dijo a Brown

– ¿Te atreves a visitar-me en el Hilton? “¿Cuando? –pregunto Brown.

–Esta noche –dijo ella “¡Si echas a toda esa mierda! -respondió él

– La 233 –dijo Brenda.

Nota y traducción

(1) Espía de dormitorios. Este título responde al nombre de un modem de Nueva York y es una inspiración del artículo que lo menciona en El País Semanal: “Mi WIFI se llama Pepita”, cuyo autor es Karelia Vázquez

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