Shell y Qatar Energy abandonan el Mar Argentino: el petróleo que no apareció y el ecosistema que sobrevivió.
El 28 de abril pasado quedó confirmado lo que la industria energética venía anticipando desde el fracaso del pozo Argerich-1 en 2024: Shell y QatarEnergy decidieron retirarse definitivamente de las áreas de exploración offshore que operaban en el Mar Argentino. La salida pone fin a una apuesta millonaria que prometía convertir la Cuenca Argentina Norte en una nueva frontera petrolera y
que, en cambio, dejó como saldo principal la continuidad de uno de los ecosistemas marinos más ricos del Atlántico Sur.
Una apuesta sobre el océano
Los bloques CAN 107 y CAN 109 fueron adjudicados en septiembre de 2019, en el marco del Concurso Público Internacional Costa Afuera impulsado por el Estado nacional como parte de una estrategia para atraer inversiones en exploración offshore. Shell Argentina obtuvo el 60% de participación como operadora, mientras que QatarEnergy aportó el 40% restante como socio.
Ambas áreas se ubican sobre el talud continental, a cientos de kilómetros de la costa bonaerense, en aguas de profundidad considerable. La hipótesis de trabajo que sostenía la exploración era la teoría de los «márgenes conjugados». Según este modelo geológico, la estructura del subsuelo marino frente a la Argentina debía reproducir, al otro lado del océano, las condiciones que habían generado grandes descubrimientos petroleros frente a las costas de Namibia. La analogía era atractiva desde el punto de vista científico y lo suficientemente sólida como para justificar inversiones de envergadura. Sin embargo, el subsuelo marino argentino no respondió como se esperaba.
El pozo que cambió el panorama
El punto de inflexión fue la perforación del pozo Argerich-1 en 2024, ubicado en el bloque CAN 100 y operado por un consorcio integrado por Equinor, YPF y la propia Shell. El pozo se perforó en aguas ultraprofundas, con una lámina de agua de 1.500 metros, y demandó una inversión superior a los 100 millones de dólares solamente en esa operación. Al finalizar los trabajos, el pozo fue declarado «seco» no se encontraron indicios de hidrocarburos en cantidades comercialmente viables.
Ese resultado contrarresta que había guiado años de estudios sísmicos y planificación técnica. La comparación con Namibia, que había funcionado como argumento central para atraer capitales internacionales, quedó sin sustento empírico. Para Shell y QatarEnergy, que aún tenían compromisos vigentes sobre CAN 107 y CAN 109, el mensaje era claro: pasar a la segunda etapa exploratoria, que exigía perforaciones obligatorias de alto costo, carecía de justificación económica.
El retiro formal y sus implicancias legales
La salida de las compañías no fue un gesto abrupto sino el resultado de un proceso administrativo que se extendió a lo largo de varios años. El bloque CAN 107 había recibido una primera prórroga en 2022 por dos años, y una segunda el 23 de mayo de 2025 por un año adicional. Ambas extensiones
buscaban dar tiempo suficiente para completar los estudios sísmicos bidimensionales y tridimensionales que las empresas tenían comprometidos.
Una vez concluidos esos trabajos, la decisión fue no avanzar.
El retiro quedó formalizado mediante las Resoluciones 73/2026 y 87/2026 de la Secretaría de Energía, a través de las cuales el Estado nacional oficializó la extinción de los permisos y el retorno de las áreas al dominio público. Las operadoras cumplieron con las obligaciones económicas pendientes: en el caso de CAN 107, las inversiones realizadas superaron los 90 millones de dólares, y
durante 2025 se abonaron cánones superiores a los 383 millones de pesos argentinos. La salida se procesó, según las fuentes oficiales, sin controversias regulatorias.
Con este desenlace, los permisos vuelven a manos del Estado y la Cuenca Argentina Norte queda, al menos en el corto plazo, sin actividad exploratoria privada. La secuencia de retiros, que incluye también el fracaso previo de Equinor en la región, marca el fin de un ciclo que prometía transformar el offshore argentino en una fuente relevante de divisas y producción energética.
Un ecosistema en el centro del debate
La retirada de Shell y QatarEnergy tuvo, desde el principio, una dimensión que excedía lo meramente económico. El Mar Argentino es considerado uno de los ecosistemas marinos más productivos del Atlántico Sur. Alberga más de 400 especies de peces, 36 especies de cetáceos y funciona como zona de reproducción y alimentación crítica para el 80% de las aves marinas del hemisferio sur. Entre sus habitantes más emblemáticos se encuentra la ballena franca austral, cuya ruta migratoria atraviesa precisamente las áreas que estuvieron bajo exploración.
La exploración sísmica offshore, técnica central en la fase inicial de búsqueda de hidrocarburos, consiste en generar potentes ondas acústicas que penetran el lecho marino y permiten mapear las estructuras del subsuelo. El problema es que esas ondas también se propagan a través de la columna de agua y afectan directamente a la fauna marina. El sonido se desplaza en el agua a aproximadamente 1.500 metros por segundo, y las detonaciones utilizadas en los estudios sísmicos pueden superar los 250 decibeles. Para los cetáceos, que dependen del sonido para orientarse, comunicarse, alimentarse y reproducirse, las perturbaciones acústicas de esa magnitud representan un riesgo directo.
Las organizaciones ambientales que se movilizaron contra la exploración offshore durante años señalaban específicamente la amenaza sobre lo que denominaron el «corredor azul», una ruta migratoria de importancia crítica para varias especies. Aunque las compañías completaron sus trabajos sísmicos antes de retirarse, la interrupción de la actividad exploratoria antes de llegar a
la etapa de perforación evitó que esas perturbaciones se extendieran durante años adicionales en una zona de altísima sensibilidad biológica.
La geología como árbitro involuntario
Hay una paradoja en este desenlace que vale la pena subrayar. No fue la presión de los movimientos ambientales, ni la regulación estatal, ni un cambio de política energética lo que detuvo la exploración offshore en la Cuenca Argentina Norte. Fue la ausencia de petróleo. O más precisamente, la conclusión de que el petróleo que pudiera existir en esas aguas no justificaba, en términos económicos, el costo de extraerlo.
Esa distinción importa porque cambia el análisis sobre qué protegió al ecosistema y qué podría suceder en el futuro. Si los estudios sísmicos hubieran revelado indicios prometedores, o si el pozo Argerich-1 hubiera sido positivo, el peso de los argumentos ambientales habría debido enfrentarse a una lógica extractiva con rentabilidad demostrada. En cambio, la geología funcionó, de manera involuntaria, como un argumento de protección.
Esto no significa que la amenaza haya desaparecido de forma permanente. Los permisos volvieron al Estado, pero la Cuenca Argentina Norte no tiene ningún instrumento legal que garantice su protección a largo plazo. Nuevas rondas de licitación son posibles si las condiciones del mercado energético cambian o si la tecnología de exploración permite evaluar el subsuelo con mayor precisión a menor costo.
Soberanía científica como alternativa
Frente a ese escenario, las voces que reclaman una política de Estado sobre el Mar Argentino apuntan en una dirección distinta. Programas como Pampa Azul, impulsado desde el ámbito científico nacional, proponen una soberanía basada en el conocimiento del ecosistema antes que en su explotación. La creación y consolidación de Áreas Marinas Protegidas, como el Agujero Azul, se plantea como una herramienta concreta para garantizar que esas zonas no queden indefinidamente expuestas a nuevos ciclos especulativos.
El contexto internacional también es relevante. El mercado energético global atraviesa una transición que, aunque lenta e irregular, avanza en dirección a las energías renovables. Los compromisos del Acuerdo de París, la presión creciente de los inversores institucionales sobre las empresas con exposición a activos fósiles potencialmente varados y la aceleración tecnológica en el sector de las renovables están reconfigurando la ecuación económica del petróleo offshore. El offshore profundo, con sus altísimos costos operativos y su largo plazo de retorno de inversión, se vuelve progresivamente menos atractivo cuando los mercados anticipan una contracción sostenida de la demanda de combustibles fósiles.
El mar, por ahora, quieto
Shell y QatarEnergy se van del Mar Argentino sin haber perforado un solo pozo en los bloques que operaron durante casi siete años. Se van habiendo cumplido sus obligaciones contractuales, habiendo realizado los estudios técnicos comprometidos y habiendo concluido que la inversión adicional no
tenía sentido. No es una derrota dramática sino una retirada ordenada, casi burocrática, que contrasta con la magnitud de las expectativas que en su momento generó la apertura de la frontera offshore.
Lo que queda es un ecosistema que no fue perforado, una cuenca que no tiene, por el momento, actividad exploratoria privada y una pregunta abierta sobre qué decisiones tomará el Estado con esas áreas en los próximos años.
La respuesta a esa pregunta definirá si el silencio que hoy existe en el fondo del Mar Argentino es el comienzo de una política de protección o simplemente la pausa entre un ciclo especulativo y el siguiente.
@ Leonel Schoijedman
@Imagen Pinterest
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