Dossier

La leyenda negra. By Carlos Usín

En primer lugar y antes de introducirnos en este proceloso asunto, es conveniente situar al lector en el contexto. Por eso, lo primordial, es definir el concepto de leyenda negra. ¿Qué es? ¿En qué consiste?

“La leyenda negra es una elaborada operación para lograr distorsionar la imagen de España, con el objetivo de perjudicar sus intereses, al tiempo que aquellos que ponen en marcha la maquinaria, obtienen beneficios de ello.”

Quien así se expresa es Alfonso Guerra en su prólogo a la obra de Marcelo Gullo, “Madre Patria”.

El descubrimiento de América supuso no sólo un hecho histórico en sí mismo, sino una profunda transformación de la sociedad, de la ciencia y de la economía a nivel global. El poderío político y económico que llegó a alcanzar aquella España, levantó demasiadas suspicacias, demasiados recelos, bastantes preocupaciones y por encima de todo ello, envidias. Las de aquellos países como Inglaterra, Países Bajos o Portugal, cuyos intereses económicos y políticos no coincidían con los de España.

En efecto. Tras la caída de Constantinopla en 1453, el comercio de especias, de sedas y demás productos de consumo en occidente, estaba en manos de la otra mitad del planeta, es decir, el mundo musulmán, con algunas concesiones tanto de Inglaterra como de Países Bajos, en Asia. Ello encarecía enormemente el precio de dichos artículos, por cuanto los comerciantes se veían obligados a abonar unos “aranceles” en ocasiones desorbitados a lo largo de su extenso camino. Eso sin contar los peligros asociados a asaltos, piratas, crímenes y demás que sufrían las caravanas y que obligaba a los navíos a llevar su propia guardia de seguridad. Se hacía por tanto necesario encontrar una vía alternativa para llegar a esos lugares y conseguir las especias tan deseadas en el viejo continente, por servir no solamente de aderezos, sino de conservantes a los alimentos. En aquellos tiempos en los que no había métodos de conservación de los alimentos más allá de la salazón o el escabeche, las especias jugaban un papel fundamental en la ingesta de alimentos poco apetecibles a los paladares. Ese fue, en realidad, el objetivo de aquel proyecto. La gente no se embarca – valga la expresión – en un cascarón a jugarse la vida por una simple aventura sin tener un objetivo claro.

Después, a partir del Descubrimiento y ante la amenaza que suponía para los intereses de los enemigos de aquella España recién inaugurada como país tan recientemente, se vieron impelidos a luchar en el mar para intentar retener sus mercados. Y cuando esa lucha contras los barcos de la armada españoles vieron que no la podían ganar por las armas, idearon una estrategia basada en la tergiversación, la falsedad, las medias verdades, la exageración o la mentira directamente, con el objetivo de dañar la imagen de nuestro país. Simplemente, se robó la verdadera historia y se sustituyó por un fraude.

Hay que decir, que los efectos de esa nefasta y maléfica estrategia, persisten incluso hoy en día, cuando miles de indocumentados, es decir, individuos que no conocen la verdadera historia, se han dejado subordinar ideológica y culturalmente, por una historia falsa. Así se explica el afán de algunos en evitar la celebración del 12 de octubre como Día de la Hispanidad, o los actos vandálicos e irracionales contras estatuas y monumentos que ensalzan lo que a todas luces ha sido una de las mayores hazañas de la Humanidad.

La gran batalla por el relato histórico de lo que en verdad ocurrió en Hispanoamérica, la han perdido tanto España como los americanos, a manos de las potencias que lucharon – y aún lo hacen – contra unos y otros.

Una vez adulterada la historia el proceso fue lento pero inexorable. Había que ir introduciendo las falsedades en los libros de texto, en las universidades, en la sociedad, de tal forma que aquel que no asumía los principios de esa leyenda negra, era automáticamente tildado de políticamente incorrecto. Y así, día tras día, y año tras año, la mentira fue extendiéndose más y más, hasta alcanzar más de una generación o dos, o tres. Así se inocula el odio.

“La leyenda negra antiespañola fue una operación de propaganda montada y alimentada a lo largo del tiempo por el protestantismo – sobre todo en sus ramas anglicana y calvinista – contra el Imperio español y la religión católica para afirmar su propio nacionalismo, satanizándolos hasta extremos pavorosos y privándolos incluso de humanidad. Hay de ello ejemplos abundantes y de toda índole: tratados teológicos, libros de historia, novelas, documentales y películas de ficción, cómics, chascarrillos y hasta chistes de sobremesa”. (Vargas Llosa).

Tal vez la primera de las falacias trate de dibujar un mundo idílico en el que las tribus convivían entre sí, en paz y armonía, unas con otras, cuando fueron sacudidos por un vendaval llegado desde el otro lado del océano y compuesto por salvajes españoles, que se dedicaron al pillaje, a la violación de las mujeres y al robo de todo aquello que se les antojaba. Nada más alejado de la verdad.

Los Aztecas, por ejemplo, era una tribu muy numerosa y guerrera. Una de sus costumbres más arraigadas consistía en guerrear permanentemente contra las tribus vecinas. Una vez vencían, a las mujeres las trataban como esclavas, las violaban cuando les apetecía y después, solían venderlas a otros mercaderes de esclavos. La suerte de los hombres y de los niños no era mejor. A los vencidos les solían subir a lo alto de esas pirámides que ahora están infestadas de turistas con sus cámaras fotográficas, los abrían en canal, les sacaban el corazón aún palpitante – sin anestesia, claro – y arrojaban los restos a los pies de la pirámide donde una multitud enfervorizada y hambrienta devoraba los restos. Hay que decir que su parte preferida del menú era el muslo, pero no el de pollo ni siquiera el de los hombres: era el muslo de los niños a los que solían ingerir vivos con el mismo deleite que nosotros comemos cordero lechal o cochinillo. Eso eran los aztecas: un pueblo antropófago, salvaje y deshumanizado.

Cuando Hernán Cortés llegó allí con 300 soldados y vio aquello, se quedó horrorizado y obtuvo rápidamente el apoyo de todas las tribus que servían de menú a los aztecas, para entablar una guerra que, afortunadamente pare ellos, terminaron por ganar.

Cuando los Incas derrotaban a un pueblo que no había querido someterse voluntariamente, cometían todo tipo de abusos: muchos de los guerreros vencidos eran masacrados y sus casas pasto de las llamas. Las mujeres no corrían mejor suerte, ya que eran sistemáticamente violadas y las más jóvenes las llevaban a Cuzco para formar parte de la servidumbre de la nobleza inca.

Otra de las mentiras que han pasado a la historia es aquella en la que se afirma que fue Francisco Pizarro el que ordenó la muerte del inca Atahualpa. La realidad es que fue el propio hermano de Atahualpa. Francisco Pizarro tenía 200 soldados. El ejército inca unos 200.000. A nadie se le escapa que por muy loco y aventurero que fuera Pizarro pudiera vencer a un ejército como el del inca. Como sucedió en Méjico con los aztecas, fueron las otras tribus, enemigas del imperio inca, las que lucharon por su libertad. Es decir, en ambos casos se trataba de una gigantesca masa de indios, conducidos por una minoría de soldados españoles.

La lucha en Méjico y Perú, fue entre indios, principalmente.

La (falsa) idea que ha prevalecido ha sido la de que España masacró a unos pueblos indígenas que vivían en el Paraíso. Pues bien, en 1703, el Gobierno de Massachussets, que al parecer les preocupaba tanto la salud de los lugareños, pagaba a razón de unas 12 libras esterlinas cada una de las cabelleras de los indios, sin importar lo más mínimo si esa cabellera perteneció a un hombre, una mujer o un niño. Ello promovió una cacería de indios que se realizaba a caballo y con jaurías de perros.

Este tipo de comportamiento fue siempre ajeno a los españoles que, de haberse producido, el clero, por un lado, – siempre acompañando a los soldados y atento a la moralidad de su comportamiento – lo habría denunciado, al tiempo que las leyes promulgadas por los reyes de España protegiendo la vida y las propiedades de los indios, habrían conllevado unas severísimas penas.

Fue el general Philip Henry Sheridan, el que pronunció la célebre frase: “El mejor indio es el indio muerto”.

“Cuando los ingleses, ahora estadounidenses, comenzaron la conquista de América del norte la población nativa norteamericana se estimaba en torno a los 12 millones de personas. En 1900, Estados Unidos cerró sus fronteras como consecuencia de las guerras indias, ahora solo quedaban entre 300.000 y 250.000 indios norteamericanos. Las balas y las enfermedades fueron exterminando a los indios norteamericanos a lo largo de siglo y medio”. 

“California, formando parte del virreinato de Nueva España, perteneció a la monarquía hispánica hasta 1821, para pasar a ser parte de Méjico, luego de la república de Tejas para, finalmente, en 1845, integrarse en los Estados Unidos. Con la llegada de los norteamericanos la población india pasó de 150.000 a solo 15.000 en cincuenta años. ([1])

***

Otra de las más comúnmente aceptadas acusaciones por la mayoría, es que España trató aquellas tierras como un simple botín. La verdad es que España nunca consideró a las Indias ni un botín ni una colonia. Aquella España de los Reyes Católicos, Carlos V o Felipe II, fue un imperio y no un imperialismo.

¿Cuál es la diferencia entre una acción imperial y una imperialista?

En el primer caso, después de efectuada la conquista el territorio y el pueblo conquistados no van a ser considerados como botín. Sin embargo, en el segundo caso, una vez hecha la conquista, siempre serán considerados un botín.

La acción imperial produce mestizaje de sangre y de cultura. La acción imperialista, segregación y/o exterminio.

Ahora compárese lo que hizo España en América y cómo se han comportado los ingleses en la India o EE.UU.

En el Nuevo Mundo floreció una industria textil y España sembró América de iglesias, hospitales, escuelas y universidades en las que estudiaron tanto criollos como mestizos o indios. En una de ellas recibió una excelente educación Tupac Amaru. España envió a América a sus mejores profesores, que enseñaron – en pleno auge del absolutismo monárquico – la doctrina revolucionaria y anti absolutista que dice que el depositario real del poder, que siempre emana de Dios, era el pueblo y no el rey, y que el primero tenía derecho a la revolución, incluso al tiranicidio, si el segundo no ejercía el gobierno del reino en beneficio del pueblo.

Debido a la distancia entre los continentes, a los riesgos del viaje, a la duración del mismo y a otros factores, América tuvo que hacerse autosuficiente en cuanto a sus necesidades. Para ello, crecieron por doquier todo tipo de industrias para satisfacer a ese inmenso territorio.

“El movimiento fabril en México y Perú eran notables. 150 obrajes en el Perú, que a 20 telares cada uno daban un total de 3.000 telares. Y Cochabamba, según Haenke, consumía de 30.000 a 40.000 arrobas de algodón”.

El mestizaje, una política de estado.

Entre los españoles que llegaron a las Indias no existía la idea dominante de que pertenecían a una raza superior, toda vez que ellos mismos pertenecían a un pueblo mestizo – (Celtas, Tartessos, Fenicios, Cartagineses, Griegos, Íberos, Romanos, Visigodos, Judíos, Musulmanes) -, frecuentemente considerado en Europa más semita que europeo.

Pero no sólo se trataba de un sentimiento del pueblo. Los Reyes Católicos emitieron una Cédula Real el 19 de octubre de 1514 en la que se dice:

“Es nuestra voluntad que los indios e indias tengan, como deben, entera libertad para casarse con quien quisieren, así con los indios, como con los naturales de nuestro reynos, o españoles, nacidos en las Indias, y que en esto no se les ponga impedimento. Y mandamos que ninguna orden nuestra que se hubiere dado o por Nos fuera dada, pueda impedir, ni impida, el matrimonio entre los indios en indias con españoles, o españolas y que todos tengan entera libertad de casarse con quien quisieren y nuestras Audiencias procuren que así se guarde y cumpla”.

Esto era lo que en 1514 ordenaron los Reyes Católicos.

En EE. UU, no fue hasta 1967 cuando se permitió en ciertos estados el matrimonio entre negros y blancos.

De esa idiosincrasia surgieron infinidad de matrimonios entre los españoles y las mujeres indias, algunas de ellas princesas, que tuvieron una fecunda descendencia.

Por el contrario, Gran Bretaña consideró oportuno enviar a Australia a los reos y las prostitutas.

La educación.

Las dos primeras escuelas de México fueron creadas por los franciscanos, una en Tezcoco, en 1523 y otra en México en 1525.

Se fundaron escuelas a las que asistían mil niños indios donde se les enseñaba náhuatl, castellano y latín – el idioma entonces del saber – además de pintura, escultura, bordado, música, carpintería, herrería y talabartería.

En Gran Bretaña el ingreso a la universidad estuvo vedado a los católicos hasta 1829. Del mismo modo en Irlanda, dominada por Inglaterra hasta 1873, el cuerpo docente, los miembros de las corporaciones y asociaciones universitarias, así como los becarios, debían ser protestantes.

En 1830, Francia conquistó Argelia donde permaneció hasta 1962. La universidad de Argel se fundó en 1909.

Portugal comenzó la conquista de Mozambique en 1505. Fundó la Universidad de Lourenço Marques en 1968.

Los ingleses fundaron la Universidad de Harvard en 1636 – 85 años después de que los españoles fundaran la de San Marcos -; la de Yale en 1701; la de Princeton en 1746; la de Pensilvania en 1749; la de Columbia en 1754.

No parece, por tanto, que esta febril actividad fundacional de escuelas y universidades, se corresponda con la idea de someter a un continente, mantenerlo analfabeto y usarlo como mula de carga.

Hospitales gratuitos para todas las razas.

Ahora que está de moda la sanidad en España y se alzan voces exigiendo más médicos, más inversión y que todo sea gratuito, en la España de 1541 ya se avanzó algo en este sentido en aquellas tierras lejanas.

Leyes de Indias. Libro I. Título IV:

“Que se funden hospitales en todos los pueblos de Españoles e Indios. Encargamos y mandamos a nuestros virreyes, audiencias y gobernadores, que con especial cuidado provean que en todos los pueblos de españoles e indios de provincias y jurisdicciones se funden hospitales donde sean curados los pobres enfermos y se ejercite la caridad cristiana”.

A finales del siglo XVI la medicina española – heredera de las tradiciones árabe y judía – estaba a la cabeza en Europa. Por poner un ejemplo, el primer hospital psiquiátrico del mundo se fundó en Valencia en 1409.

Un hospital para leprosos (1524) fundado a instancias de Hernán Cortés.

En 1553 nace el primer hospital dedicado exclusivamente a los indígenas, con capacidad hasta 400 pacientes, pudiendo aumentarla en casos de pandemia. Con el tiempo y ampliaciones, llegó a tener capacidad para 600 camas.

Para explicar cómo fue posible que la leyenda negra terminara imponiéndose a la verdad, hay que recurrir a numerosos eventos históricos, guerras, insidias políticas y demás iniquidades, que han sido sembradas a lo largo de estos 500 años, y que llegan a nuestros días.

Sin duda alguna, la publicación del Padre Fray Bartolomé de las Casas, ha sido siempre una fuente de inspiración para todos aquellos que ansiaban señalar con el dedo al Imperio Español. Su popularidad, el eco de sus denuncias sobre supuestos abusos, nunca se sometió a un juicio objetivo o imparcial.

Sin embargo, la mayoría de los relatos incluidos en su libro-denuncia se basan en testimonios de terceras personas, en rumores, exageraciones o simples inventos novelescos que al páter le pareció conveniente incluir en su “novela”. Así, por ejemplo, llegó a escribir que los soldados españoles con sus armas, y sus lanzas, pudieron someter al ejército de Moctezuma debido a que un soldado español podía matar a 10.000 indios a la hora, lo que arroja, mediante un simple cálculo matemático, una media de tres indios cada segundo. En ese espacio de tiempo no hay lugar para meter, sacar y volver a meter la lanza.

Los libros, por supuesto, siempre – a lo largo de la historia – han servido como altavoz y propaganda, en favor o detrimento de cualquier idea, principio o concepto. Por ejemplo, poco se conoce acerca de la curiosa relación entre la CIA norteamericana y la publicación del libro de Boris Pasternak, “Doctor Zhivago”.

La obra se publicó en 1957 y el autor obtuvo el Premio Nobel al año siguiente. Pasternak falleció en 1960. El libro no fue publicado en la URSS hasta 1988, pero en Occidente se vio en esa obra la posibilidad de abrir un frente nuevo en la lucha contra el comunismo a nivel global. No hay que olvidar que, por esas fechas, el 4 de noviembre de 1956, los tanques soviéticos habían invadido a su fiel aliado Hungría y se habían instalado en Budapest, para aplastar a la Resistencia magiar.

En esa guerra fría que surgió tras la S.G.M., tan poderosas eran las armas y los misiles, como los libros. La CIA vio en ello una enorme oportunidad para intentar socavar la imagen – ya algo dañada – del comunismo y apostó por apoyar la publicación de la obra, incluyendo la persecución de la que era objeto el autor por parte de la URSS, lo que, sin duda, añadió dramatismo y sumó adeptos a la causa. Y después, cuando el libro fue un éxito y el autor obtuvo el Nobel, la CIA también se involucró en hacer la película (1965) que todos conocemos. Una película cuyos costes de producción ascendieron a la nada desdeñable cifra de 111 millones de dólares de la época. En la actualidad, supondrían más de 1.000 millones $.

Esta historia, poco o nada conocida por el gran público, sirve de ejemplo de cómo el uso de elementos variopintos puede armonizarse para obtener un objetivo común. En este caso, se trataba de la lucha contra el comunismo. En el caso del Imperio Español, se trataba de deshonrar la imagen tanto del país como del propio descubrimiento en sí, y al igual que en el caso de Zhivago hubo intereses políticos que promovieron las acciones del Servicio de Inteligencia de EE. UU, así sucedió con España y la Leyenda Negra. Y del mismo modo que la novela de Boris Pasternak se utilizó para destruir la imagen del comunismo, lo propio se hizo con la novela de Fray Bartolomé de las Casas para hundir el imperio español.

Pero no fueron los británicos los únicos que alimentaron ese oprobio. Como ya he mencionado al inicio, a la acusación se fueron añadiendo con el paso del tiempo, holandeses, franceses, norteamericanos e incluso soviéticos.

Por no extenderme más en esta exposición añadiré el ejemplo del acorazado USS Maine.  En la mañana del 15 de febrero de 1898, dicho acorazado había acudido al puerto de La Habana supuestamente para defender los intereses de los ciudadanos norteamericanos frente a las revueltas que se estaban produciendo de los locales contra los españoles ([2]). Inesperadamente, el buque sufrió una tremenda explosión que provocó la pérdida de tres cuartas partes de la tripulación. En un principio las causas de la explosión no estaban demasiado claras. Algunas voces hablaban de sabotaje de los españoles, otras de negligencia por parte de la tripulación. Y algún otro apunta a que el navío, como tal, nació obsoleto, debido al tiempo de construcción y las funciones para las que fue concebido. Sea como fuere, “la opinión pública estadounidense, avivada por las proclamas incendiarias de la prensa amarillista estadounidense realizadas por William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, culpó a España. La frase «¡Recordad el Maine, al infierno con España!» («Remember the Maine, to Hell with Spain!») se convirtió en un grito para quienes clamaban por la guerra, que se materializó en la Guerra hispano-estadounidense ese mismo año. Aunque el hundimiento del Maine no fue la causa directa de la confrontación, sirvió como catalizador, acelerando el desarrollo de los acontecimientos.”

Algo parecido usó Hitler para invadir Polonia, acusando a los polacos de atacar posiciones alemanas junto a la frontera.

Es decir, cualquier mentira es válida si cumple con los objetivos marcados. Y así, la Leyenda Negra, cumplió satisfactoriamente los intereses de los enemigos de España y de toda Hispanoamérica. Ni Cuba, ni Puerto Rico, ni Filipinas, ni el resto de países, han disfrutado de una mejor situación que cuando estaban bajo el mando de la Corona española y amparados por sus leyes.

Tergiversar o falsear la historia es el paso previo para cualquier acción reivindicativa. Por ejemplo, los independentistas catalanes fechan el inicio de su “desgracia” en 1714, cuando el Rey Borbón ganó la guerra de Sucesión en España. Ellos – los independentistas – presentan esa batalla como si se hubiera producido entre un movimiento nacional catalanista y el resto de España, cuando en realidad, eso es una pura entelequia. En 1714 no había el más nimio sentimiento catalanista ni en un estado embrionario. Y la lucha, en realidad, se estableció por la sucesión al trono de España entre los franceses (Borbones) y los Austrias. Así es que no había muchos “españoles” ni “catalanes” por allí. Y ganaron, obviamente, los franceses. 

Sin duda alguna, en Hispanoamérica hubo abusos, excesos, injusticias, atropellos o ilegalidades, pero en todo caso, no muchos más que los que se producían en territorio peninsular, ya fuera Madrid, Toledo o Córdoba.

La Leyenda Negra no debió existir, pero, en cualquier caso, tampoco debe ser sustituida por la leyenda rosa.

Esta colaboración sólo servir como defensa de la más asombrosa gesta que la humanidad haya conocido, junto con la de colocar a un hombre en la Luna.

© Carlos Usín

Fuente: Marcelo Gullo Omodeo – “Madre Patria”.


[1] De cómo los estadounidenses exterminaron a los indios de Norteamérica (eldebate.com)

[2] Aquí hay mucha tela que cortar. No todos eran cubanos, no todos estaban del lado de Cuba, etc.

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