
Tuvieron que pasar cien años para darme cuenta. Hoy hice lo mismo que él.
Cuando llegué no sabía serruchar una madera, ni encender la fragua, desconocía el funcionamiento de relojes, motores y armas.
He creado objetos hermosos de ruinas oxidadas, le devolví la vida a cuchillos, mesas, hachas y guitarras.
Pero ahora lo entiendo, llega un momento en que uno se cansa de renovarse y solo desea envejecer, como todo el mundo.
Por eso, hoy hice lo mismo que él, colgué un cartel buscando aprendiz.
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