Por la tele salen los fantasmas apresurados cuando la casa duerme. Esa casa que hace medio siglo fue suya y la compraron los intrusos que ahora la habitan.
Ellos, los sin cuerpo, murieron en un accidente de coche, los padres y los tres hijos. Tienen unas horas para disfrutar la casa de nuevo. Los niños saltan sobre las camas que por su condición no molesta a nadie. Los padres disfrutan de la noche echados en las tumbonas del jardín. Hacen como si se sirviera unas copas que no pueden beber pero aletean recuerdos gratos. Se reúnen a cenar en la mesa del comedor con formalidad. Los platos están vacios, los cubiertos intactos, pero disfrutan de aquellos días de cenas especiales, las de los aniversarios de los padres y los cumpleaños de los niños. Ellos ya comprenden que están muertos, que se les escapó la vida en un suspiro.
Movimientos en el dormitorio del dueño de la casa. Los fantasmas se preparan raudos para volver al televisor. Regresarán.
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