
Imagen facilitada por la autora La princesa de tul y cuero ya no escapa en su carroza. De su boca peligrosa ya no salen más "te quieros". La princesa, caprichosa, solo quiere tu mechero y mirar cómo destrozan sus volutas de humo el cielo. Los zapatitos se mojan, las plataformas de acero se desploman como losas -cual lobos sobre corderos- en las almas bondadosas y corazones sinceros. ¡Qué adictiva que es su boca! ¡Qué magnífico trasero! ¡Pobres víctimas que ahoga en sus encajes de cuero! Es súcubo que provoca el más cruel de los deseos, toda precaución es poca si te acarician sus dedos. Si te espinas con la rosa sácate pronto el veneno, pues la muñequita rota sabe jugar a los celos. Parece gata mimosa con esos pinchos al cuello, pero esas uñas que posa, inocente, por tu cuerpo dejan cuchilladas rojas por afuera y por adentro. La princesa vanidosa se viste siempre de negro, como bruja, como diosa, como reina del misterio. Ya no escapa en su carroza, princesa de tul y cuero, pero sí es más poderosa que las de los viejos cuentos.
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