Este rumbo incierto nos ciega la vista.
Hay un color gris indefinido
que no acertamos a agarrar entre las manos
Confundimos la línea del horizonte
y navegamos hacía una deriva segura,
sin mirarnos a los ojos
ni perseguir un beso.
Aún hay esperanza de que las olas no nos alcancen
sí nos aferramos al mástil,
sí nos dejamos guiar por un mar abierto
que nos lleve a una isla sin nombre
donde podamos reposar los huesos.
Val Marchante
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