Despertó de madrugada con el sudor empapando todo su cuerpo, aturdido por la pesadilla que desde hacía años le acompañaba mientras intentaba conciliar el sueño. Probó todo tipo de terapias, buscó solución en mil sitios diferentes, conoció lugares y personas que formarían parte del camino solo en algunos tramos, otros los hizo solo acompañado de su propia voz.
Sin embargo, aquel despertar fue diferente, por primera vez recordó lo que le estaba provocando aquel dichoso malestar. Por primera vez sabía lo que debía enfrentar. Era ahora o nunca. El sudor abrió paso a una extraña sensación, era capaz de todo, había llegado el momento.
Se tumbó de nuevo con la intención de volver a dormir, de volver a vivir aquella terrible pesadilla con la gran diferencia de que ahora tenía las herramientas para enfrentarla.
En pocos minutos cayó rendido, de nuevo aquel terrible monstruo se mostró frente a él, esta vez no huyó, no salió corriendo preso del pánico, tan solo se quedó parado justo delante, sin moverse, con una seguridad que jamás antes había experimentado, algo que desconcertó a la desagradable criatura.
Observó en silencio su terrible aspecto, cada rasgo, cada movimiento, por primera vez el que temblaba de miedo no era él. Aquella especie de criatura mostró su cara, a pesar de su tamaño, de sus horribles facciones estaba tan asustado como lo había estado él hasta el momento.
Y es que aquel monstruo no era más que el reflejo de sus inseguridades, de sus miedos, del no hacer las cosas por si pasa lo que nunca sucede. Era su lado más oscuro, el que nunca fue capaz de enfrentar porque desde pequeño le hicieron creer que era demasiado frágil para este mundo de apariencias, que su bondad lo hacía débil, que como niño no debía mostrar ningún tipo de sentimiento porque en esta sociedad “los hombres no lloran”.
Abrazó la oscuridad, le dio el sostén necesario, le prometió que aprendería a vivir con ella, que jamás volvería a verla como su peor enemiga sino como una gran aliada, que esa frialdad la convertiría en calor y que en algunos momentos abriría un pequeño resquicio de luz para aliviar tanto dolor.
Aquella madrugada que aparentaba ser lo de siempre se convirtió en la primera de su nueva vida, integró aquella oscuridad y lo hizo solo con la compañía de la noche sin más abrazó que el suyo propio, sin más sostén que el que supo darse, sin más ayuda que la de su propio ser. Por primera vez encontró dentro lo que llevaba años buscando fuera.
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