jueves, septiembre 3 2026

Revolución irresponsable— By Aldana Muñoz

No dirijo mis críticas contra la figura “clásica” del maestro, del profesor adicto al Sistema, “tradicional” en términos pedagógicos -el hombre de la “clase magistral”, de la autoridad desnuda, de los programas “oficiales” y los exámenes torturantes, etc. Me parece que es ésa, como diría Marx, una “crítica sustancialmente acabada”. Todas las “críticas sustancialmente acabadas” tienden a justificar lo establecido, legitimándolo ‘por contraposición’; y a oscurecer, a obstruir, las “críticas por emprender”, o “en curso”, las críticas verdaderamente ‘oportunas’, ‘peligrosas’. Por ejemplo, la crítica de la Dictadura, sustancialmente acabada, distrae de la crítica de la Democracia -y el recuerdo permanente de los horrores ‘represivos’ de las dictaduras, vehiculado por los gobiernos, sirve a la “legitimación por contraposición” de las democracias, supuestamente no-represivas. En nuestro terreno, la crítica facilísima, ya hecha, acabada, del “profesor tradicional” diluye y pospone indefinidamente la crítica, que considero inaplazable, del “profesor moderno”, “progresista”, “contestatario” -del “profesor reformista”. A esta crítica, ya sé que difícil, ya sé que polémica, y que se puede prestar a malas interpretaciones, pretendo contribuir. No es la mía una crítica ‘libresca’, exclusivamente ‘teórica’, sino que procede de la práctica, de mi propia experiencia como “profesor reformista”, una crítica ‘desde dentro’, después de quince años vinculada de una forma o de otra a la Educación.
Estas son las preguntas que me he venido haciendo desde el principio: ¿Es concebible una práctica genuinamente “crítica” de la Enseñanza, un ejercicio de la docencia que no ubique al profesor entre los meros ‘funcionarios del consenso’, en una posición de ‘solidaridad’ secreta con los fines y procedimientos del Sistema, posición de ‘culpabilidad’ política, de ‘complicidad’ represiva, de ‘identificación’ -más o menos revoltosa- con el Opresor? ¿Se sostiene la pretensión de educar “en la libertad”, “en la
crítica”, o “para la emancipación”, desde una Institución diseñada para inculcar el principio de autoridad, reproducir la dominación social y ‘sujetar’ a la juventud? ¿Cómo puede un profesor, un funcionario, un empleado del Estado, alegar que desarrolla su trabajo desde la perspectiva de la Contestación, de la Resistencia, de la Negación del Poder? Mi respuesta es hoy inequívoca: esto no es concebible, no se sostiene, nada de eso es posible…
Por esencia, la figura del Profesor es una figura autoritaria. Lo quiera o no, todo “educador”, constituido por el Estado, ejerce el poder, gobierna en el aula, administra, ‘dirige’ a los alumnos… Se ampare en una u otra ideología, se aferre a una u otra propuesta pedagógica, invente los métodos alternativos que invente, hable poco o mucho de la explotación, de la desigualdad, del racismo, etc., el Profesor, el Educador, por la naturaleza de su práctica social, por la estructura de la Institución en que trabaja, por el modo en que la Legislación ha ‘definido’ su oficio (delimitando un espacio de “obediencia”, espacio de la Norma; y también un espacio de “desobediencia inducida”, de “ilegalismo útil”, espacio de la disidencia integrada, del reformismo), por los conceptos filosóficos a que se acoge, por la ‘moral’ que vigila sus pasos, por la ‘formación’ que ha recibido, por la manera en que el Estudio, la Universidad, el Empleo Y la Nómina han ido moldeando su carácter, por lo que ‘enseña’ en el plano de la “pedagogía implícita”, del “currículum oculto”, por los modelos que perpetúa en su relación con los alumnos y con las autoridades educativas, por su actitud ante la Escuela, por los ‘signos’ de que se inviste, etc., por todo esto, el Profesor, el Educador (decía) aparece siempre como un baluarte de la reproducción ideológica del Sistema, un segregador y un domesticador social, un agente de la represión y de la violencia simbólica, un eslabón decisivo en la cadena del autoritarismo, un ‘corrector’ del carácter, un re-codificador policial del deseo…
No, no existen los “profesores auténticamente contestatarios”: hay, aquí, una contradicción entre los dos términos. Así como no es imaginable un “militar pacifista”, un “cura ateo”, un “guardia civil anticapitalista”, un “verdugo filantrópico”, etc., no es concebible un “profesor verdaderamente anti-autoritario”, “insumiso”, “crítico” o “revolucionario”. Como el oficio de verdugo, o el de guardia civil, o el de cura, o el de militar, el oficio de “profesor” deberíamos dejarlo para los ‘partidarios del status quo’, para los adoradores del Sistema, para los autócratas en miniatura, para los déspotas desbravados, para los tiranos de andar por casa. Y a esto, a “autócratas”, a “déspotas”, a “tiranos”, se ven reducidos quienes, abrazados a una ideología ‘subversiva’ o ‘revolucionaria’, y alardeando de propósitos ‘emancipatorios’, se instalan en el aparato educativo y, autoengañándose todos los días, ven el modo de permanecer, con la mirada fiera y el bolsillo repleto, en la Institución -autócratas ‘encubiertos’, déspotas ‘disconformes’, ‘tiranos’ muy simpáticos… Contra ellos dirijo mis críticas: por eso soy un anti-profesor…
Propongo, entonces, el abandono de la Enseñanza -aunque mi ideal se cifra en
“conquistar” la Expulsión. Pero no un abandono sin más, sino una renuncia después de cierto “recorrido”, después de cierta práctica “corrosiva”, de cierta perseverancia en la irresponsabilidad, en el Crimen. Y parto de una crítica del Reformismo Pedagógico, entendido como la estructura ideológica, y la disposición mental, en que se asienta aquel “autoengaño” -la justificación de una instalación pretendidamente ‘beligerante’, presuntamente ‘transformadora’, en el aparato educativo.


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo