viernes, septiembre 4 2026

Leiva – Hasta que me quede sin voz by Rafalé Guadalmedina

Como si fuera un puma con un conejo, me he abalanzado sobre ‘Hasta que me quede sin voz’ nada más aparecer en mi plataforma de streaming. Antes de que los principales físicos cuánticos detecten inconsistencias de continuidad en la biografía de Leiva, ofrezco algunas apreciaciones sobre su documental:

i) La barrera entre personaje y persona cada vez está más difusa. Es curioso que siendo el objetivo humanizar a Leiva, acabe agrietando todo los pasajes de la biografía conocida. Es probable que el cantante no estudiara el guion del documental. Y es un cantazo.

ii) El documental cae en el error de contar más que narrar bajo el pretexto de que Leiva cargue con el peso argumental. Me dices que el protagonista sufre una severa colitis y pretendes que yo me lo crea por fe. Lo mínimo habría sido tratar al espectador de adulto y que este sacara sus propias conclusiones: por ejemplo, intercalando imágenes de Leiva en el baño y versionando ‘Princesas’ a base de percusión gastrointestinal.

iii) No es verosímil que un tirillas pueda beberse al día una botella de vino y luego subirse una montaña corriendo, salir a correr a lo Usain Bolt o jugar al fútbol emulando a Leivinha. Se les ha ido de la mano lo de usar como dobles a Kilian Jornet, Gebreselassie o Leo Messi.

iv) Hay una escena donde está nevando intensamente y Leiva recoge leña a lo superhombre. Le falta quitarse la camiseta. Seamos serios, Leiva, con unos tocones tan húmedos no va a prender nunca tu hoguera a no ser que estés anunciando el nombramiento de un nuevo papa.

v) Otro de los objetivos del documental es presentar a Leiva como un ser humano, con sus imperfecciones y sus defectos. El problema es que el montaje nos muestra una imperfección perfecta: el yerno ideal, el músico virtuoso, el paciente que se deja cuidar, el mejor amigo de sus amigos… Alguien tendría que haberle entregado un diccionario al director para saber la definición de imperfección.

vi) Leiva pasa sobradamente de los cuarenta años, no se le conoce pareja y apenas se aborda su vida sentimental más allá del retrato del artista maldito que lidia con la soledad. Se ha perdido una gran ocasión de haber rodado una ronda de citas rápidas deTinder o cómo el pobre cantante lloraba a golpe de masturbación.

vii) Leiva dejó tirado a su primo antes de grabar su primer disco con Malahierba. Después a Rubén en Pereza. Él lo justifica todo a base de suerte y azar. Habría que explicar a Leiva que no son cuestiones de baraja, sino de navaja.

viii) Leiva, te adoro, te amo, me casaría contigo, pero, tronco, cada vez me das más pereza.


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