El microrrelato es un ejercicio de riesgo para el autor. El lector tampoco está exento de sus caprichos. Precisión con las palabras escogidas, una tensión que ha de crecer y un final rompedor, pero a la vez comprensible, son elementos innegociables. Un maestro de este formato es el compañero Domingo Alberto Martínez cuya obra empecé a conocer mediante su aclamado Un ciervo en la carretera, merecedor del reconocimiento como finalista del Premio Setenil en la edición de 2020. Contando con una edición cuidadísima de West Indies Books, evocadora portada mediante, el escritor afincado en Tudela se viste de largo para presentar al gran público Esto no es una novela.
Si con el título no hubiera quedado claro su calado, la obra introduce unas instrucciones de lectura. Deferencia que los lectores torpes como yo agradecemos especialmente. A partir de ahí Esto no es una novela recopila una sucesión de microrrelatos y relatos de muy variada naturaleza. El paisaje está compuesto por textos efímeros compuestos de una o dos frases, otros micros de un par de párrafos y algunos relatos cuya longitud alcanzan varias páginas. Prácticamente todas las temáticas clásicas tienen espacio en el presente muestrario: la historia, la ciencia ficción, el costumbrismo, la metaliteratura o la crítica social, entre otros. Bastan pocos relatos para convenir que uno de los fuertes de Domingo Alberto Martínez es la constante búsqueda de la complicidad del lector, tratando de completar las historias con el acervo popular. En particular, me maravillan los textos que satirizan sutilmente el salvajismo del sistema, tales como Justicia poética o Gran chamán africano. También maravilla la forma de suavizar la brutalidad de La cruda realidad. Atisbo que deslumbrarán las portentosas descripciones de los relatos más nutridos, tan generosas en el alarde lírico que un lector torpe puede sentirse arrollado y con el tren argumental a la fuga. Por fortuna, no queda espacio y lugar para el resquemor.
Cuando pululaba por las fases de predominio de los minifundios literarios me preguntaba por el nexo que dotara de cierta cohesión a Esto no es una novela. Probablemente no sea esta una cuestión significativa para el disfrute. Tampoco creo disponer de una conjetura más allá del estilo reconocible de Domingo Alberto, de sus requiebros y su arrojo por clavar sus garras sobre cualquier subterfugio que se pueda recubrir con palabras. Esta aparente anarquía propicia una sensación de volver a comenzar que, dada su extensión, se convierte en un delicado y portentoso déjà vu. Se entiende que hubiera sido contraproducente trazar puentes entre los relatos seleccionados o forzarlos a que, como dicen el tópico, los relatos hablaran entre sí. No será porque el autor no lo hubiera advertido.
En ese trance final algún texto encontró una ligera evocación en mi memoria. En efecto, varios microrrelatos presentes en Un ciervo en la carretera han sido reclutados para la causa y disponen de una segunda vida. De esta forma, Domingo Alberto hace bueno el dicho de que del ciervo se aprovecha todo. Y que, a pesar de no tratarse de una novela, la genuina impronta y el ingenio creativo perdura.

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