domingo, septiembre 13 2026

Tampoco ahora te veo feliz— By Marcos B. Tanis

Hoy nos cruzamos después de mucho tiempo, no nos dirigimos el saludo por razones obvias (hemos terminado muy mal), pero pareciera que ambos queríamos hacerlo de todos modos. Me pregunto en silencio si él sabe de mí, tal vez tú no le has hablado de lo nuestro y por esa razón ni siquiera se ha percatado que estoy mirando todo lo ocurre entre ustedes.

Descubro que hay un leve distanciamiento, no sé si han discutido o él es algo frío entre extraños. Porque ni siquiera te toma de la mano y hasta están alejados a unos veinte centímetros uno del otro. Quisiera aproximarme a ti y preguntarte qué sucede, incluso quisiera saber si necesitas ayuda. Pero prefiero no involucrarme a lo que ya no me concierne.

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Afuera, él aplasta el cigarrillo con el talón del pie y mira de un lado a otro de la calle antes de cruzar. Luego se sube al vehículo que han aparcado a unos metros del mío. Veo que te recrimina algo, como si te apresurase para que salgan de ahí.

Acto seguido, arranca y antes que desaparecieran de mi rango de visión, cruzamos las miradas por última vez. Como si recordáramos lo que pasamos en un pasado reciente, como si aún hay un atisbo de cariño entre nosotros. No obstante, solo nos queda ese silencio lejano.

A continuación, me introduzco a mi camioneta, enciendo el radio y me coloco el cinturón de seguridad. Dentro, pienso ¿qué hubo mal entre nosotros?, incluso muchas veces me culpé de que fui yo un esperpento de persona, un hombre sin escrúpulos, frío como un témpano de hielo o, ¿acaso eras tú el problema?

Conduje por un buen rato, tras unos quince minutos, llego a mi departamento. María me recibe como si hace tiempo no me ve. Lo extraño que ni siquiera tardé más de una hora en el supermercado.

Cuánta diferencia hay entre tú y yo, ¿sabes? quisiera contarte que muchas veces he llorado en mi cama, que estuve distanciado de mí mismo por varias semanas, hasta que me descubrí entre laberintos sentimentales y miré más allá de la triste habitación que me acobijó con sus tentáculos de malos recuerdos.

—¿Qué sucede, cariño? —me pregunta María.

—¿Por qué? —trato de salvar el momento. Tampoco ella sabe de ti.

—Pareciera que has visto un fantasma —bromea.

Pero lo que no sabe que sí vi fantasmas de lo que hubo entre tú y yo. Tampoco sabe que me puse triste por no verte feliz.

—No… no pasa nada, amor.

Sustraigo el vino, voy hasta la cocina y traigo dos copas para servirnos un poco. Brindamos por lo nuestro, porque sé que funciona, porque sé que este sentimiento es sincero y recíproco.

María posa la cabeza en mi hombro mientras vemos una película que han añadido en el catálogo.

Me dijo que esta noche se quedará a dormir y sabes qué: la abrazaré como si quisiera detenerla, la besaré como si necesitase de aquel alimento y haremos el amor como nunca antes (aunque no lo fuera).

©2024 Marcos B. Tanis


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