Otro altercado en tu barrio a media tarde, cuando el día aún tiene horas por delante para ofrecer desagradables sorpresas. Otro altercado en tu barrio cuando cae la noche y te vas a dormir, porque a la sinrazón ni le importan tus sueños ni descansa. Otro altercado en tu barrio pocas horas después del alba, cuando despiertas con más cansancio que ayer, sin ilusión de que algo vaya a cambiar.
Otro altercado que agranda tu miedo y el de tus hijos, todavía demasiado pequeños pero muy conscientes, a los que acompañas de la mano, con paso apresurado y la mirada en todas partes, al autobús que los llevará al colegio. Porque el barrio es inseguro y peligroso, con demasiados puntos ciegos donde se ajustan cuentas y la muerte sonríe.
Otro altercado en tu barrio, día tras día y semana tras semana, pese a las innumerables llamadas telefónicas a comisaría. Pese a que el alcalde, por segunda vez electo, prometió aumentar la presencia policial. Quizá sí lo hizo, pero no en tu barrio, obediente y abnegado contribuyente.
No en tu barrio.
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