PRETÉRITO IV by Daniel Cuñarro

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     Recibe la primera bofetada en el lado derecho de la cara. Aunque no la sorprende el golpe, consigue dejarle sin aliento. El dolor es inmediato y se obliga a no tocarse la mejilla ni a llorar. Alza la cabeza y desafía a su padre con la mirada. Él acepta la provocación y la golpea en la misma mejilla.

     —¿Pero quién coño te crees que eres? —dice. La empuja a un lado y Kristen cae de rodillas. Su padre la levanta por un brazo y la examina el golpe—. Dirás que se te cayó algo encima. A la gente estúpida le pasan estas cosas. ¡Y quítate esto! —Agarra la sudadera y la arruga entre los dedos—. Eres igual que tu madre. Siempre haciéndome enfadar. —La sacude con cada palabra y el movimiento deja al descubierto el vientre de Kristen: blanco, terso y cubierto por una fina capa de vello rubio. Fascinado, su padre le observa la piel y baja la mano en su dirección. Kristen se cubre con la sudadera y su padre sonríe antes de volver a empujarla—. Ordena este desastre —dice. Sigue calibrándola, recorriéndole el cuerpo con los ojos—. Ya habrá tiempo en casa. —Cuando la deja, sola Kristen se permite llorar en silencio.

     El almacén está lleno de armarios, mesas y butacas saturadas de polvo. Amontonadas en los rincones hay cajas de cartón, plástico y madera. Carece de ventanas y la única luz llega de una lámpara que cuelga del techo. Kristen se afana en ordenar las cajas por su contenido y en apilarlas para que ocupen el menor espacio posible. Arrima los muebles contra las paredes y barre el suelo. El aire se satura de polvo y le ensucian las manos y la sudadera. Utiliza una caja de cartón como papelera y la llena de vajilla rota, papeles, madera y plásticos. La mejilla continúa doliéndole y se ha hinchado.

     Encuentra la barra de hierro bajo una de las butacas. Rueda hasta sus pies y toquetea las Converse como si estuviera reclamando su atención. Mide cerca de cincuenta centímetros y su peso la tensa los brazos. La mueve en el aire y golpea una figura invisible con tanta rabia que termina jadeando. La esconde en la caja que usa como papelera y la cubre con la basura. El pegamento salta del bolsillo y el tapón se desenrosca solo. Una gota cae al suelo y forma una cúpula que brilla bajo la luz. Kristen lo cierra y lo devuelve a su sitio antes de regresar al trabajo.

     Continuará…


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