viernes, septiembre 4 2026

EL JACK EN LONDON by Daniel Cuñarro Bango

—¿Cuánto pide por este? —dice Jack. El vendedor lo mira con apatía y se demora en decidir el precio.

—Dos dólares —dice.

—¿Dos dólares? Por Dios ¡es un Jack London!

—Pues si quiere pagar más por él yo no tengo ningún problema. —Jack gira el libro entre los dedos, examina el lomo y pasa las páginas con delicadeza. Huele como jamás volverán a oler los libros.

—Tiene una mancha de humedad en la página treinta —dice —. Se nota que le han dado uso y eso es bueno. Le doy cien dólares por él. —Los compradores que hay a su alrededor se olvidan de lo que están mirando y se centran en la conversación. El vendedor busca en el rostro de Jack un chiste que no acaba de entender.

—¿Cien dólares? —dice.

—Sí, por Dios ¡es un Jack London! Vender un clásico de aventuras como este por dos dólares, y se lo digo en serio, es un verdadero disparate.

El vendedor apoya los brazos en un cajón lleno de libros.

—Es suyo por ciento cincuenta dólares —dice.

—Qué demonios ¡le doy doscientos! Es la primera edición de un Jack London galerada en mil novecientos cuatro, posee una nobleza literaria que es muy difícil de emular hoy en día. —Guarda el libro bajo el brazo y saca la cartera.

—Doscientos cincuenta —dice el vendedor. Y parece contener el aliento.

—-Sabe que le está timando ¿verdad? —dice el comprador que Jack tiene más cerca. Jack le enseña el libro.

—Lo vale —dice —. Créame que lo vale de sobra. —Selecciona cinco billetes de cincuenta y se los alarga al vendedor —. ¿Podría darme una bolsa? Está a punto de llover.

—Tal vez le interese otro libro —dice el vendedor.

—No gracias, he conseguido lo que quería. —Se despide de todos con una sonrisa y deambula por el mercado sin dejar de observar las nubes que arrastra el viento.

—Disculpe. —Jack tarda en comprender que se dirigen a él. Son dos jóvenes de unos diecisiete años que visten al ritmo de la moda.

—¿Sí? —dice Jack.

—Es que… —La joven se ríe para ocultar su vergüenza —. Bueno, es que soy fan de Jack London ¿sabe? Me he leído todos sus libros. —Mira a su amiga en busca de apoyo —. Seguro que ya se lo han dicho, pero es que usted es súper parecido a él.

—¿A Jack London?

—Es muy loco ¿verdad?

—No tanto. Alguna vez sí que me lo han dicho. —Levanta los ojos al cielo, a las nubes que se agrandan y compactan entre sí. La lluvia será inminente —. ¿Y tú cómo te llamas?

—Carol. Y ella es Betty.

—¿Y tú no lees a Jack London? —dice Jack.

—Demasiado aburrido.

—Ella es más de Jojo Moyes —dice Carol.

—Entiendo. —Jack saca el libro de la bolsa y siente en la piel el tacto de las primeras gotas. Coge el lapicero que lleva junto a la libreta y escribe en la primera página del libro. Ni siquiera necesita pensar para poder hacerlo —. Lo acabo de comprar —dice —. El tipo lo vendía por dos dólares, ¿os lo podéis creer? Uno de los mejores libros de Jack London por dos dólares. —Se lo ofrece a Carol y la joven lo mira sin comprender —. Para ti. Es un placer encontrar a gente de tu generación que todavía es capaz de apreciar el sabor de la aventura.

Carol sigue observando el libro sin tomar una decisión hasta que Betty lo coge y se lo pone en las manos.

—Tía —dice —, te lo está regalando.

—Que no lo estropeé la lluvia —dice Jack. Se lleva una mano a la cabeza como si quisiera despedirse tocándose el ala de un sombrero.

—¡Gracias! —dice Carol. Echa un vistazo a la portada y busca en la primera página. Para Carol, porque no hay mayor aventura que tu propia vida. Jack London. Una gota de lluvia cae sobre la dedicatoria y se apresura a cerrar el libro. Busca al desconocido que se parece a Jack London entre la multitud y no es capaz de encontrarlo. Se ha esfumado como un fantasma, como uno de esos recuerdos que regresan del pasado una última vez y mueven de lugar nuestra existencia. Para proteger el libro de la lluvia Carol lo aprieta contra el pecho, lo más cerca del posible de su corazón y del calor de su vida.


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