Escrita el 27 de agosto de 2024 – Escuchando Finlandia/SIbelius)
Mikel, ninguno de nosotros pensó que adentrarse en el tapón de Darién iba ser cosa fácil. Pero yo fui porque me mandaron a mi y a mi escuadrilla, pero te digo que si hubiera sido por mí jamás me hubiera metido en esa selva. De cierto modo es un lugar interesante, no lo dudes. Allí fundaron los españoles la primera ciudad en tierra firme americana. Le pusieron Santa María la Antigua del Darién, y fue fundada en 1510 por Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Allí también se han perdido muchas vidas, es un lugar inhóspito, peligroso y lleno de misterios.
Éramos nosotros cinco mas dos de la policía militar. La misión, búsqueda y rescate, supuestamente, aunque no nos dijeron que estábamos buscando ni a quien íbamos a rescatar. Aparentemente…cuentan las malas lenguas…que anoche los oficiales de la base principal sintieron una explosión proveniente de esa zona. Algunos quizá pensaron que se había estrellado una avioneta o un helicóptero en la selva. Se sabía que no era de las nuestras y que podría haber sido de los sandinistas o de sus aliados cubanos. Por eso nos mandaron al tapón, para investigar lo que había sucedido. Pero, te digo mi querido amigo, ninguno de nosotros sub-oficiales había sentido nada la noche anterior.
Pero bueno, como las órdenes no se discuten, se obedecen, a las 0200 horas salimos a cumplir con la misión. Lo único bueno que tenia salir a esas horas era que aun no había comenzado el calor infernal característico de estos trópicos centroamericanos. Nos llevaron en un Sikorsky S-70, rápido y más o menos silencioso, y cruzamos desde nuestro destacamento, en el Fuerte Sherman cerca de Colón (Panamá), a un lugar llamado Punta Cocalito en la costa del Océano Pacifico. Al bajarnos del helicóptero me di cuenta que Punta Cocalito no era ni una aldea ni un lugar poblado, Punta Cocalito no era más que un montón de piedras junto al mar. Bueno, de ahí subimos a las lomas cercanas, luego a las montañas. Allá, en casa del carajo, estaba…supuestamente…nuestro objetivo. Esa ultima información me la dio el capitán J., piloto del Sikorsky, y nada más.
Siento mucho, Mikel, no poderte dar más detalles del lugar por donde nos mandaron. Ya entenderás que la misión estaba, y todavía está, clasificada secreta. Lo que si te puedo decir es que nos metimos en una selva húmeda, verde, traicionera y con un follaje tan espeso que ni cuando salió el sol llegaba a nosotros su brillo. Cogimos tierra dentro subiendo y subiendo haciendo trillos a puros machetazos, quizá como los indios de la zona lo hacían hace cientos de años, hasta que llegamos a un punto donde se abrió la jungla. De repente estábamos en una especie de meseta completamente descampada. Nos detuvimos y nos pusimos en posición de alerta fuego…
Pasaron unos minutos, y lo que te digo no me lo vas a creer pero te juro que es la verdad, tu sabes que nunca te he mentido cuando te he hablado de las cosas que tuve que hacer durante la mili. Bueno tío, ya era de día, en el descampado el sol brillaba, no había manera de no ver lo que vimos, y te lo digo y repito, lo vimos todos. Asi fue…
Primero vimos una nube, o algo con forma de nube, que iba bajando lentamente. Tenía forma ovalada y no muy grande, yo diría que más o menos un diámetro de seis metros. Al acercarse más a la tierra notamos que era una nave con una superficie que parecía de aluminio, ¡Madre mía, como brillaba! Pero lo que convirtió esto en una autentica locura era que no hacia ruido alguno. La jungla también guardaba silencio absoluto, solo se oían los latidos alocados de nuestros corazones.
Nosotros cinco y los dos polis estábamos listos para cualquier cosa, híper alertas, con ojos fijos en la nave o lo que fuera esa cosa. Yo creo que ni respirábamos para no hacer ruido alguno. Lo menos que queríamos era llamar la atención. Yo, que era el líder del pelotón, estaba al frente pensando en que debo hacer, en qué coño era esto y bueno, cegándome en la hora que acepte esta misión…
De repente salió un rayo de luz de la nave…o de esa cosa…e instintivamente cerramos los ojos. Te digo Mikel, que cuando volví a abrir los ojos ya era de noche, y estaba en la orilla del mar en Punta Cocalito. Me espabilé rápidamente y miré a mi alrededor buscando a los demás. Estaba solo. No era noche de luna llena y la oscuridad me arropaba junto al silencio, ni siquiera el sonido de la marea se escuchaba para darme fuerzas y reconocer que no estaba en el purgatorio o en peor lugar.
Lo primero que pensé es que aquí no puede cundir el pánico. Estoy en control de mis pensamientos y mis emociones. Soy un sargento de inteligencia militar no un aficionado. Tranquilo tío, me dije, que de esta sales. Primero asesórate bien, después haz las tres cosas que tiene que saber hacer todo militar: adaptarse, improvisar y sobreponerse (a los obstáculos o al enemigo), tienes que activar esa parte de ti, y en ese orden. Así que, lentamente y observándolo todo…lo mejor que podía pues estaba todo tan oscuro…comencé a fijarme en todo lo relacionado a mi entorno para ver si había alguien más o si estaban cerca mis compañeros. No había nadie…
Nos habían dado 24 horas para cumplir con la misión. Al cabo del tiempo acordado regresaría el helicóptero a ex filtrarnos de la zona cero. Te digo, Mikel, que en ese momento, cuando buscaba y no encontraba a ninguno de los cuatro, oí a lo lejos los motores del Sirkosky que se acercaba rápidamente.
-No pienso dejar a mis cuatro compañeros…
-Sube sargento que mis órdenes son de regresar inmediatamente…
-Pues váyase entonces, ¡Qué yo no dejo a nadie!
-Tengo órdenes de detenerle, ¡Si no sube, lo subiremos!
En ese momento siento las voces de mis compañeros, miro y los veo a los cuatro corriendo hacia el helicóptero.
-Ahora subiremos todos.
Cuando regresamos a la base nos estaban esperando el coronel y otros oficiales. Nos llevaron a un salón oculto en el sótano y nos pidieron el recuento. Cuando les contamos lo que habíamos visto nos dijeron que, so pena de muerte, eso jamás lo contáramos. Pero han pasado los años, ya no soy militar, y creo que ya es hora de añadir otro recuento de las cosas raras que pasan en este mundo. Es por eso que te cuento esto, Mikel, para que tu se lo cuentes a quien te dé la gana.
Un fuerte abrazo…
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