39 | Soy un gato, de Natsume Sōseki
De cómo Murr se reencarnó en un gato japonés
para Alberto
En un gato sin nombre, tan solo con conciencia,
en uno que vagaba por el Japón que empezaba a mirar,
como otro gato,
fuera de su madriguera.
Y allí vio a los burgueses, y a su arrastrarse
por los tatamis de la indolencia y el dolor,
y allí, como en su vida en Centroeuropa,
tuvo un maestro, entregado a la dispepsia,
a la inconstancia atroz.
Lloró a Mikeko, la gata de la mujer del arpa,
tembló ante Kuro, el gato de ese Japón antiguo
e inconexo. Se asombró ante todo lo feo,
ante todo lo injusto, ante todo lo humano.
Y su mayor hazaña, como el gato alemán,
fue el sentimiento, no dejarse arrastrar por otra cosa
que un anhelo de paz, confundido quizá
con la cerveza,
con la lenta tinaja de no ser,
de hundirse ya jamás (y para siempre)
en nada.

© félix molina, La prosa en verso, 2024
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.