Una pobre y humilde meiga, semillas de flores blancas sembró. Era muy prontito, muy de mañana, pero ella bastante preocupada, todo el jardín preparó.
Se había quedado sin fuerza, hasta sus palabras se desvanecían antes de pronunciarlas. Ella pensaba que de esas semillas, crecerían flores de esperanza. Al día siguiente… A la misma hora, intentó sembrar un gran campo sólo con amapolas, mezclando con las semillas, unos gramos de amor intenso para que cuando crecieran, se enamorasen las mariposas.
Cuando la meiga se dio cuenta, que de sus semillas nada crecía… En el mundo ya no existían ni margaritas, ni violetas ni siquiera quedaba un capullito de una bonita rosa.
Pero una noche, sin poder dormir, sólo pensaba y pensaba… Acompañada con la luz de una luna amiga, ensimismada se perdió, muy lejos viajó…
En su viaje vivió un sueño, le pareció tan hermoso, que de regreso lo cumplió. Supo donde estaban las verdaderas semillas. Las sembraría en todo el mundo para obtener una cosecha mejor.
Las guardaba un usurero que de ellas hacía colección. Él, ignoraba que el mundo se había quedado sin ninguna flor. Las miraba y las remiraba, las dedicaba casi todo el día pura contemplación.
La meiga se las pidió amablemente para hallar la solución… El usurero al saber todo lo que la meiga le contó, reflexionó unos instantes y sin pensarlo más, se las entregó.
Muy consternado le dijo a la meiga:
-Gracias por despertarme de este egoísmo atroz.-
-Para qué las quiero yo sólo, mientras el mundo se queda…,
-sin el color de las flores, sin la fuerza de la vida y sin la esperanza del amor.-
Y la meiga… Las esparció por el viento. Las esparció por todo este maravilloso mundo infinito, pero guardó de cada una, un diminuto puñadito y, para que no se perdieran las escondió en una de las muchas y bellas “Condiciones”. Así, las protegió para siempre de una segura desaparición.
Los efectos rápidamente se notaron… Desde entonces todo funcionó. ¡Todos! hasta la meiga, recuperaron su fuerza y la esperanza crecía con el amor. Ahora las mariposas de mil colores, revolotean alegres y muy enamoradas alrededor de todas las flores que esa adorable meiga rescató…
Moraleja: A veces… nadie es culpable y, menos si no se sabe lo que se encierra. Pero se es menos culpable aún, si todo lo que se sabe, es porque se sueña.
ÁNGELA – 16/3/O8
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.