lunes, junio 1 2026

100 Haikus de Valentí Gómez-Oliver: «Hay que haber navegado mucho entre los embrollos de la vida para dominar sus límites y expresarlos con claridad y precisión» By Miquel de Palol

(Publicado en catalán en El Punt Avui)

La bella edición de Ariel de los textos de Màrius Torres –en la cubierta del ejemplar de 1964 del que dispongo figura sucintamente «MÀRIUS TORRES / Cuarta edición»– parece más una obra completa que una poesía completa. Se incluye el espistolario con Carles Riba, cuya segunda carta –la primera de Riba–, del 1 de diciembre de 1938, está dedicada a lo que él llama «epigramática japonesa» –concepto en la prometedora discusión en la que no entraremos–, aunque centrado en la tanka, forma extendida con dos versos más que el haiku.

Por cómo Riba se enfrenta al traslado del haiku japonés a la adaptación al catalán, me permito reproducir algunos fragmentos: «(…) he pasado algunas horas hojeando gramáticas y diccionarios japoneses, haciéndome una primera idea de los recursos de aquella lengua, del mecanismo de la frase, de lo que este mecanismo impone al verso y de lo que en compensación le ofrece de adorno (…) todo ello (…) para afianzarme en la convicción de que cualquier intento de imitación sería estúpido. (…) Uno fácilmente se habituaría a ver y oír y hablar a instantes y suspiros y relámpagos; se empezaría siendo breve y tenso de sentido, y se acabaría siendo pequeño y bonito.» Consideraciones que confirman hasta qué punto Riba estaba lejos del espíritu de la tradición japonesa.

Han hecho haikus Salvat-Papasseit, Rosa Leveroni, Llorenç Vidal, Agustí Bartra, Salvador Espriu, Feliu Formosa y unos cuantos más que no cito para no hacerlo demasiado largo, y porque su obra todavía está en curso. El aspirante a escribir haikus “catalanes” está inevitablemente abocado a conocer los modelos japoneses, y a darse cuenta de que la distancia conceptual, sensual y metafísica que nos separa es mucho mayor de lo que parece a primera vista o desde la distracción; a tomar delicadamente la medida de lo que puede haber de imitación y de recreación, y de la re-construcción obligada para llenar los inevitables vacíos.

En 100 Haikus [Lapislázuli poesía, edición heptalingüe, Barcelona 2024] Valentí Gómez-Oliver negocia en este libro bellísimo con los arrecifes y  los gira admirablemente a su favor. El haiku original en catalàn es un prodigio de inmanencia, inmediatez, sensualidad y visualidad, más cerca de la pintura –el aspecto pictórico de la caligrafía reside en la esencia de la escritura japonesa– que de la música y la abstracción filosófica. Tal abstracción se manifiesta en términos zen, no aristotélico-hegelianos.

Valentí Gómez-Oliver salta por encima de arriesgadas y escasamente útiles veleidades imitativas y arranca el haiku del territorio de la inmanencia para replantarlo en el de la trascendencia. Prescinde de la puntuación, pone títulos, rima, concreción material, nombres y lugares propios, proyección simbólica en el universo de los conceptos; y sobre todo, y es la aportación principal en mi criterio, dota de contenidos argumentales narrativamente explícitos, a personajes, a peripecias describibles desde una dimensión de la inmediatez no tanto elíptica como objetiva, aunque las elipses, las sutilezas y las reticencias no dejan de estar ahí, pero construidas de otro modo. No en el de Bashō sino en el de Platón. Suple la conjunción oriental original –de hecho, consustanciación– entre la caligrafía y el contenido acompañando a cada pieza con un precioso dibujo por poema, de retórica abstracta pero de argumento reconocible. Transpone lo abstracto y lo concreto a territorios diferentes. Los japoneses ponen lo concreto en las peculiaridades de los objetos y los hechos de la naturaleza perpetuamente mutante; VGO lo pone en la particularidad de los individuos mutantemente perpetuos. Los japoneses dejan lo abstracto en la reticencia de las sensaciones; VGO, en la conjunción de la iconografía tradicional y la actual. Los haikus  japoneses son atemporales; los de VGO, históricos. Pero no todos. Veamos ejemplos:

Martin Heidegger

“el ser humano//- pues el ser es el tiempo–// de muerte hermano»

cabeza

“el chapitel // es sede del cerebro // pienso es su hotel»

cultura

“es el cultivo// de los conocimientos // graves, ligeros»

Hay que haber navegado mucho entre los embrollos de la vida para dominar sus límites y expresarlos con claridad y precisión; hay que haber jugado con las sombras, los reflejos, los espejos del mundo para salir airoso y poseedor de los tesoros del espíritu. 100 Haikus es un libro para leer de un tirón, y un gran libro de cabecera. Valentí Gómez-Oliver es uno de esos casos en los que felizmente coinciden el sabio y el mago.

MIGUEL DE PALOL


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