jueves, septiembre 3 2026

LAS ENTRAÑAS DE PARÍS by Silvia Fernández

 

Tras dar vueltas y vueltas a la plaza de Abbé-Migne Square, Mario se detiene, y, a lo lejos, ve un pequeño edificio, “ese tiene que ser”, piensa mientras coge a Marta de la mano y corren hacia el lugar. Tras rodearla, por fin, una puerta pequeña se abre ante sus ojos.

– ¿Está seguro de que es aquí? No tiene pinta de ser un museo.

– No dije que fuera un museo, solo dije que era una visita increíble e inimaginable.

Marta seguía sin estar segura de que estuvieran en el sitio que su pareja quería ver, pero se sorprendió al ver que, tras un cristal de una pequeña ventana, alguien le daba unas entradas y unas indicaciones a Mario.

Comenzaron a andar en fila por un pasillo oscuro y estrecho, donde la poca luz que había ayudaba a que el frio que se notaba en el lugar entrara por todos los recovecos de sus cuerpos, y el miedo comenzara a nacer en las entrañas de Marta.

Pequeños escalones hacían que bajaran poco a poco por aquellas estrecheces, donde el silencio envolvía tétricamente la estancia.

Mario observó a Marta dando a entender que ese era el lugar y ella, con ojos de sorpresa supo donde se adentrabanUn marco de piedra les daba la bienvenida a las profundidades del lugar. Huesos y calaveras a derecha e izquierda se agolpaban en forma de muros.

Llevaban una semana en París donde habían visto cada rincón posible.

Subieron andando la torre Eiffel, pasearon por el Sacré-Cœur y el barrio de los artistas, tomaron un picnic en los Campos Elíseo, visitaron Notre-Dame, El Louvre, Disneyland, museo Pompidou, Jardines de Luxemburgo… pero nada comparado con la última sorpresa que Mario había preparado: las catacumbas.

Ahora sí, Paris estaba completo.


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