Cuando iba llegando a casa bastante tarde, después de caminar desde lejos bajo la lluvia, alcance a oír los últimos vestigios del sonido agudo y monocorde del teléfono. Procuré llegar a tiempo como un reflejo pero la oscuridad y la distancia del pasillo me lo impidieron.
En realidad no me importaba quien pudiera llamarme a esas horas de la madrugada, me consolé imaginando que alguien disco un número equivocado en la mitad de un sueño. Al entrar me saqué el sombrero y prendí la radio justo en el momento que el locutor anunciaba la muerte de una escritora brasilera que yo desconocía, Greta Guimaraes, poeta y novelista, asesinada en las favelas de Río de Janeiro y acusada de magia negra y de hacer hablar a los muertos. La misma noticia estaba en la tapa del diario que la mujer que limpia la casa dejó sobre la mesa tal vez para que yo lo lea. No decía mucho más la noticia, salvo las expresiones de rigor estilista de la prensa para estos casos empapados de morbo y de misterio por todos los rincones.
Mientras me sacaba el impermeable y lo colgaba junto al paraguas, apagué la radio y puse un disco de jazz y preparé café, la rutina que siempre me acompaña cuando presiento que tengo algo flotando en el aire para comenzar a escribir, cuando presiento que algo está por pasar que nunca pasa, algo diferente, a veces es un recuerdo, otras veces un sueño, una fotografía que me hace preguntas, la relectura de olvidadas escrituras que agonizan lentamente en un cajón funerario. Pero no podía dejar de pensar en la noticia de esa escritora muerta en Brasil y en la llamada perdida. No podía explicarlo,
era como una respuesta sin sentido a una incógnita sorpresiva. Algo raro en el medio de la noche.
Releí una y mil veces más esas historias postergadas que nunca pude ni supe terminar pero que tampoco tuve el valor para romperlas o quemarlas, para sacrificarlas en el fuego del olvido, viejos papeles frustrados que se quedaron en el camino, que no pudieron seguir el viaje.
Afuera la tormenta continuaba con sus truenos y sus relámpagos, haciéndome disfrutar la dulzura del encierro. Hasta que el teléfono volvió a sonar. Era como un látigo repetitivo y mocorde, como una amenaza para que no atendiera para que lo olvide en medio del silencio.
No sé sí era eso o la lluvia, la hora o alguna razón oscura pero no podía levantarme de la silla para atender, lo dejé sonar como tratando de adivinar en que momento ese martilleo agudo y constante dejaría de hostigarme.
Por un momento muy breve el silencio volvió a reinar pero solo fue una ráfaga de paz en medio de un aura de temor. Y justo cuando el disco de jazz llegó a su fin y la púa automática se retiro elevándose del surco, el teléfono comenzó otra vez la cacería de mi atención.
Me levante de la silla con cierta violencia, como quién se va enfrentar a una pelea en desventaja, pero con la firme decisión de terminar con el acoso de ese sonido irritante, que parecía cada vez bramar con más fuerza, como si alguien me estuviera observando desde las sombras difusas de la angustia.
Cuando levanté el tubo,una voz de mujer me hablaba con la magia de una encantadora de serpientes.
_ Pensé que estaba muerto, por fin responde…
_ Quién habla ? alcance a preguntar casi con temor.
_ Mi nombre es Greta Guimaraes, soy escritora y lo vengo leyendo hace años, me gusta lo que escribe, la forma en que lo hace, ahora puedo decírselo, antes no podía _
Traté de reponerme como podía del impacto sorpresivo de su nombre, de su dulce voz portuguesa que me besaba los oídos…
Greta Guimaraes, la escritora muerta hoy, no podía ser posible y me quedé en silencio varios segundos.
_ Está todavía usted ahí señor ? o acaba de morirse también acaso ?, lo único que me faltaba, estar llamando a un escritor muerto… _
_ Usted quién es ?
_ Ya le dije, soy escritora y me llamo Greta Guimaraes, quiere que se lo deletree ?
_ Comprenda que se llama igual que la escritora que murió hoy en Brasil, me acabo de enterar por la radio y el diario _
_ Que gracioso es usted, mire, le digo ya que se cree que puede hablar con los muertos, que en Brasil debe haber alrededor de un millón de mujeres que se llaman igual que yo, así que de por perdidas todas sus esperanzas…_
_ ¿Para qué me llama ?
_ Siempre leo sus historias, las que deja en las mesas de los bares, las tengo todas guardadas en una carpeta y como ahora estoy por salir de viaje quería hablar con usted antes de irme. Es un viaje muy largo, no sé si regresaré. Mañana a las tres en el bar que está enfrente de la casa funeraria, le parece bien ? _
_ Ahí estaré. _
_ Vaya solo _
Cuando llegué, el bar estaba casi repleto, solo una pequeña mesita con dos sillas parecía esperarnos en soledad entre el bullicio de conversaciones vacías. Un mozo calvo me trajo un café y espere mirando por la ventana el trajinado desfile de ataúdes y coronas de flores de la casa mortuoria que estaba enfrente, entre familiares vestidos de luto que subían y bajaban de lujosos autos oscuros.
De pronto, a las tres en punto, una mujer hermosa entró al bar pero ningún hombre la miró a pesar de su belleza, como si ella no existiera, como si solo mis ojos pudieran verla. Era morocha y tenía una melena corta afrancesada que la hacía más hermosa aún. Vino a mi mesa directamente como si me conociera y cuando me beso en la mejilla sentí un escalofrío en todo el cuerpo. Dijo mi nombre con naturalidad mientras me miraba con unos ojos verdes tan claros que parecían casi transparentes y cambiaban de color mientras caía la tarde.
Sus manos también estaban heladas cuando comenzó a hablar.
_ Debes seguir escribiendo hasta que te mueras, solo así estarás vivo toda la eternidad, no dejes nunca de hacerlo, debes seguir desparramando tus letras como lo haces ahora, en las mesas de los bares, en las entradas de los cines y teatros, debes dejar tus páginas en los bancos de las plazas con una piedra y una flor para que el viento no las robe, debes tirarlas al mar dentro de una botella, los años y el tiempo harán el resto, debes abandonarlas en los asientos vacíos de los viajantes sin destino.
No te preocupes por nada más, no hagas otra cosa, solo escribe, todo el tiempo posible que lo puedas hacer y no te preocupes por las palabras muertas, ellas resucitarán, la página en blanco te contará las urgencias, ella te buscará y te hará escribir las palabras que tú creerás imaginar o crear, no desarmes nunca tus locas pretensiones de equilibrista para bailar tú magia sobre los rígidos renglones, sigue bailando allí, ese es tú lugar, disfruta la tensión del desafío, cierra la boca y cósete los ojos para soñar más lejos, aunque lo intentes no lo podrás evitar, abre tus maletas y desnuda tus viajes, deja que los caminos se calcen tus viejos zapatos, déjalos que hablen de tus libros perdidos, de tus millones e infinitas historias.
Somos únicos pero debo abandonarte y no sigas las huellas de mis pasos, las historias que no escribí acabo de dejarlas entre tus brazos…
Se levantó sin besarme y se fue del bar cruzando la calle sin mirar y se metió por la puerta grande de la funeraria, despidiéndose de mí para siempre con un beso y una sonrisa a través de la distancia.
Afuera llueve más fuerte.
Greta Guimaraes ,jamás te olvidaré.
@Jesús María Cello.
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