—Tienes que probarlo, solo un poco. —Atemorizado miraba a mi compañero—. No puedes perdértelo. —Sus barbas llenas de sangre me producían asco—. ¡Escúchame! Tienes que hacerlo, es verdad.
Mientras se relamía los dedos de una mano, arrancaba sin piedad un pedazo de tendón de la pierna de la víctima, que temblaba con espasmos incontrolables.
—Pronto morirá y ya no sentirá nada. —Se llevó otro trozo de carne y la tragó casi sin masticar. Siempre fuiste tan sensible, aunque sea bebe un poco.
—¿Y si no quiero beber ni comer? —Mi amigo comenzaba a irritarme más de lo que quería reconocer.
—Es verdad lo que dicen, tienes que hacerlo. —Se estiró ofreciéndole un poco de sangre en la cuenca de su mano. Si bebes, pensarás como él. Por eso no dejaban que se mezclara nuestra sangre. Sabían que nos harían más fuertes.
—O solo tan salvaje como ellos. —Mi amigo dejó caer el casco del hombre al suelo y no pude evitar mirar la mancha de sangre que resbalaba por su cuello.
Respiré profundo y no lo pensé más, después me acerqué y comencé a comer.
Por un mal cálculo del geolocalizador, el transbordador espacial cayó por error en medio de la selva. Los tripulantes jamás fueron encontrados.
Nº registro: 2208091752305
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