viernes, septiembre 18 2026

La fuerza del amor.- Capitulo 1.- por Joaquín Lourido

Antía y Lázaro caminaban juntos en una noche agradable y despejada, sentían la brisa que les refrescaba, y entre ellos hablaban: ¡¡mira que luna mi vida!! ¿ves cómo parece que habla? ¡¡Oh, que bello es nuestro amor!!, se miraron y sonreían cómplices, enardeciendo al acariciar sus manos y suspirando al unísono. Siguieron caminando hasta que vieron un jardín lleno de tulipanes rojos, y fijaron las retinas el uno en el otro:

Lázaro coge uno y le susurra: Este tulipán es para ti, mi bella dama. Te quiero, te amo, como un afluente a su río, como las olas al inmenso mar, como la mujer de suaves pétalos y ramas de un aroma que se impregna en mi piel y lo transformas en un perfume perenne, inundando mi cuerpo
y alma… Mientras ambos se abrazaban con toda la intensidad del instante… Transcurrieron unos minutos, el silencio formaba parte del entorno, sobraban las palabras y el eco del mismo los fundía en un beso

–no muy casto- con esa pasión que desbordan la lava y los volcanes…

Siguieron besándose, sonriendo cómplices en una noche que filtraba y fusionaba la esencia de la vida inolvidable, asidos de sus cuencos, notaron la presencia y esa seguridad del deleite de un orgasmo excelso y universal -al igual que el fuego que arde y sigue oxigenándose cuantas más pieles de naranja le arrojas-. No necesitaron alas reales y en menos de que canta un gallo, volaron y levitaron en su propio cielo.

Después de pasar la jornada fueron a sacar dinero al cajero de un banco, entraron y cerraron la puerta como si todavía sus mentes siguieran como dos adolescentes que nunca hicieran el amor. No importaba que las gentes formaran cola. Seguían a lo suyo. Y Antía le dijo a Lázaro:

.-mientras tu metes la tarjeta y sacas dinero voy reservando mesa en un restaurante japonés que tengo un hambre feroz.

Antía se acercó a Lázaro por detrás, alejó su cabello del cuello y lo besó mientras la otra mano la guía a su vientre, se adentra en los jeans, buscando su sexo y volteando su boca y la suya, lame a Lázaro con su lengua y le muerde en los labios –como si de un vampiro se tratase- . Sus bocas eran cavernas de humedades que rocían gotas por las rocas. Ella y él empezaron a contonearse con sus cinturas mientras los muslos se encendían y la excitación era latente y permanente…

El barco se desborda y como una lluvia torrencial, experimentan los bríos de un mar inmenso que se desataba, cada vez más y más. Poco a poco se arrimaron a otro rincón donde podrían estar más a gusto y como si estuvieran en lado oculto de la luna llena, Lázaro adosa en la pared a Antía y
lentamente desabrocha la blusa azul de ella sin dejar de besarse y la lujuria se apoderase hasta en los lugares menos pensados. Eran tantas las ganas del uno por la otra que Lázaro se acercó a sus pechos y esgrimiendo sus pezones; estos se erguían como banderas en un campo de golf… Y cuando el birdie se ve firme, los pellizca, recorre su geografía, le besa la nuca y la devora como la energía de un león –como cuando, necesita su desayuno de un solo tajo-

El volcán brama y cada vez estallan más los magmas del mismo, y como si fueran dos almas ardiendo: sus muslos, sus piernas, logran entrelazarse hasta que ciertos gemidos afloraban entre jadeos de Nirvana y trovas de Jimy Fontana…

El cajero saltaba y brincaba de alegría. Jamás pudo pensar que una pareja, llegase por allí, colocaran la tarjeta en su boca semiabierta y pudiera apreciar con sus ojos –por donde soltaba el dinero- lo que allí rezumaba y como si fuera un come-discos de los sesenta, se frotaba e ideaba como la siguiente partitura musical pudiese ser escuchada con tanta originalidad sin pagar entrada.
Antía y Lázaro estaban de camino al restaurante japonés y pensaron: La verdad es que a mí no me apetece nada cenar. ¿Por qué no vamos a nuestro apartamento?

-Lázaro la miró y dijo: Bueno, la verdad… pensándole bien. Tienes toda la razón. Estaremos mucho más tranquilos, escuchando música y con mucha más intimidad. Me parece estupendo.

Caminaban juntos, sentían que el amor los invadía y toda era una sucesión de un inmenso deseo. No obstante cuando se internaban en la parte más cercana al apartamento, algo había sucedido. Había una gran cantidad de personas allí merodeando la manzana y Antía le preguntó a una de ellas:

– ¿Qué ocurre aquí?

– No lo sé muy bien. Pero al parecer un joven se tiró por la ventana del edificio y vengo a ver y de paso cubrir la noticia. Dado que soy periodista.

– Gracias, le dijo Antía.

– Oye Lázaro. Alguien se lanzó al vacío por la ventana. No te interesa, ¿qué pudo pasar?

– Estoy un poco cansado. Pero ante este asunto no tengo duda. Somos humanos y debemos de ayudarnos- Hoy por ti, mañana por mi-.

Se asomaron en medio de la gran masa de gentes que allí permanecían. Y empezaron a averiguar que las versiones eran muy cambiantes. Lázaro se acercó al individuo que se había lanzado y pudo apreciar que se parecía a él una barbaridad. Que extraño, Antía, este joven es idéntico a mí. Ante tal enigma los dos se alteran y hablan uno con el otro. Todo es muy extraño. Unos dicen que no se lanzó, sino que apareció como una bola de fuego como si de meteorito se tratase, de repente. Otros que fue atropellado y abandonado por unos gamberros.

La curiosidad por momentos crecía muy aprisa y convulsionados y con sonrisas estériles,
resucitaban palabras sin sentido y dado que querían colaborar. El miedo a Lázaro le invadía y se acercó a su clon cada vez más y pudo apreciar que todavía respiraba pausadamente. Llama a su novia y le dice:

– Oye, Antía, esta persona es como mi alma y me siento muy extraño. Sé que me quiere decir algo, pero no entiendo nada, no habla nuestro idioma.

Antía que era traductora de varios idiomas en el Consulting donde trabajaba y asintiendo, le comentó:

– Espera un momento, intentaré de alguna manera y a ver si por casualidad puedo enterarme de algo. Cuál no sería la sorpresa que el destino le deparaba que entre murmullos el chico bisbiseaba en un
idioma muy peculiar. Pero que a ella le era familiar.

Continuará-…

@Joaquín Lourido.- A Coruña.6


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