Estoy aquí, pero ojalá estuviera allí. Es una frase que frecuentemente pasa por nuestra cabeza. Es como si nuestro cerebro trabajara como un reloj a destiempo. Queremos estar en el trabajo cuando estamos con nuestros hijos, queremos estar con nuestros hijos cuando estamos en el trabajo, queremos estar cocinando cuando estamos leyendo un libro, queremos leer un libro cuando tenemos que ir al dentista, queremos vacaciones cuando tenemos largas jornadas de trabajo, pero cuando llegan las vacaciones después de un tiempo necesitamos vacaciones de las vacaciones, queremos crecer cuando somos unos niños, queremos regresar a ser niños cuando somos ya adultos y así vamos por la vida estando aquí pero deseando estar allí, en otro lugar. Muchas veces queremos regresar el tiempo y volver al pasado y cambiarlo.
Dejar el pasado en el pasado, puede ser un objetivo difícil de cumplir, esa es una de las razones por las que el mindfulness está tan de moda en este momento de la historia. El pasado es presente si aún te sigue atormentando, si aún sigue significando para ti un yunque que no te deja avanzar por el camino de la vida del aquí y el ahora.
La presencia del pasado puede ser como un amarre a un mástil que impide seguir el canto de las sirenas, pero también que impide ir hacia la felicidad en toda su potencialidad. La presencia del pasado es difícil de dejar atrás, si no se ha cerrado adecuadamente el ciclo, si aún te atormentan por las noches las decisiones que has tomado.
Por eso hay que darle lugar al pasado en el tiempo que pasó y darle un nuevo significado. Conquistar la propia debilidad de encerrarse en lo que pudo ser y no fue o en lo que no debió ser, pero fue. ¡Que difícil es cerrar ciclos! Pero vale la pena dejar atrás lo que no fue o lo que fue aun a costa de nuestra voluntad.
Tomar de la mano el presente como el regalo que es y que te llevará al futuro es lo que se debe hacer. Aunque se corre el riesgo de que en el futuro también deje de pasar lo que debería y pase lo que no deseamos, pues al final la vida es un continuo cambio que nos llena de sorpresas. Si todo fuera como deseamos, qué aburrida sería la vida. Por eso hay que abrazar la presencia del pasado y esperar que todo sea como será.
Ciudad de México, 29 de noviembre 2024
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* Teresa Esteban es escritora (terestber@gmail.com).
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