La habitación 303 aparecía alfombrada de pétalos de rosas rojas. Ella, al ver aquel recibimiento
dejó caer al suelo su abrigo de visón y poco a poco desde los hombros a la moqueta, su vestido
negro de encaje. Sobre la cama, más pétalos y una hermosa caja metálica en forma de corazón.
Con la ayuda de sus uñas pintadas de blanco y negro tiró a derecha e izquierda del lazo sedoso
que la ataba. Una docena de bombones de sabores diferentes aparecían ante su mirada. A través
del hilo musical, una canción de amor inundaba el ambiente. Las yemas de los dedos eligieron
uno de aquellos, uno que era de chocolate negro cubierto de crocanti almendrado. Se lo metió en
la boca para ir deshaciéndolo. Su lengua daba vueltas intentando que aquel aroma llegara a cada
rincón de su paladar.
La iluminación, de manera sorpresiva, bajó su intensidad hasta lograr que la habitación quedará en penumbra. Aquella situación la animó a desprenderse del resto de la ropa interior. Escogió un nuevo bombón mientras miraba por el gran ventanal el hermoso espectáculo que le ofrecía la ciudad iluminada. Éste era de licor de cereza, aunque con un extraño indefinido, que dio vueltas y más vueltas antes de comenzar a abrazar su lengua. Se llevó las manos a la garganta, sentía que le faltaba el aire y así se dejó caer sobre los pétalos de rosa, sobre las sábanas de seda. Intentaba pedir ayuda pero no lograba emitir sonido alguno. El teléfono plateado sonaba pero nadie contestaba.
La música continuaba sonando, ahora una marcha fúnebre. El resto de hotel se hallaba en silencio, en el más absoluto silencio. Cada poco, una docena de gotas de agua oxidada se sentían caer en dos cubos de metal desde el techo del pasillo.
El hormigón desnudo hacía más tétrico el lugar en la oscuridad.
Al salir el sol, el ruinoso edificio se hundió tras una explosión controlada. Una espesa
humareda lo envolvía todo, los pétalos volaban sin fin en el aire.
Muy cerca y desde el interior de un automóvil de lujo una mujer de ojos claros, abrigo de visón miraba la escena con una caja de bombones en sus manos con uñas en negro y blanco, sólo quedaban diez de doce…
@Carlos Cubeiro relato
@Pinterest
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours