El desarrollo social a lo largo de la historia es un hecho indiscutible. Hemos dejado atrás situaciones organizativas profundamente injustas y nos hemos elevado hasta la atalaya de la moralidad para observar con desdés el rastro dejado a nuestro paso. Somos capaces de elaborar juicios morales para poner entredicho desde nuestra privilegiada perspectiva los usos pretéritos. No hay duda de los logros alcanzados, pero quizás sean necesarios un par de peldaños adicionales para enjuiciar el presente de manera adecuada y comprobar de este modo las contradicciones en las que hemos caído. Es probable que las hazañas liberadoras para la colectividad hayan ido generando servidumbres adicionales en las que todavía no reparamos de manera crítica. Vamos viendo elementos contradictorios, pero nos sentimos incapacitados para una evaluación profunda y reflexiva para seguir un camino en el que llevamos tiempo embarrancados entre idas y venidas, pues, en momentos de cambio como el actual, la regresión y la progresión provocan tensiones antagónicas conducentes a la parálisis.
Hannah Arendt concibió al ser humano desde una perspectiva dicotómica en la que distinguía la actividad contemplativa y la actividad práctica. En relación a la segunda, a la vita activa, estableció una separación entre la labor, el trabajo y la acción. El segundo ámbito podría ser entendido como fundamental para evitar la servidumbre biológica y alejarnos de la naturaleza y sus urgencias. Somos, por tanto, seres vivos ajenos a la deriva de lo natural por haber sido capaces de establecer nuestra propia mundanidad. El trabajo nos libera en cierta medida de la relación ancilar que mantenemos con nuestra realidad y entorno físicos. Estos elementos, lejos de imponerse de manera descarnada como podía suceder en el pasado, son tamizados gracias a la artificialidad generada como fruto del trabajo humano. Las veleidades de la fortuna orgánica son esquivadas y nos hemos instalado en los ambientes creados ad hoc para no caer en la imposición de la physis, habitualmente cruel y directa.
Nada resulta gratuito y hemos provocado tipos alternativos de relación con el entorno, aunque este no tenga el carácter propio de la naturaleza. Nuestra mundanidad también resulta despiadada, pero en un sentido diferente. La liberación por parte de la tecnología ha terminado por generar servidumbres adicionales a las que no estábamos habituados por resultar inexistentes hasta el presente. Hay innumerables ejemplos que conducen hasta una actualidad marcada en su arranque por el ritmo fabril de la Revolución Industrial. Ese primer sonido de la sirena de la fábrica señaló el punto de arranque para el cambio en relación a nuestra vinculación con nuestras propias producciones. Debe admitirse la mejora prácticamente universal gracias a este desarrollo, pero no todos los cambios han resultado positivos, pues el trabajo sigue en muchos casos siendo una actividad invasiva que choca con la naturaleza humana. Nuestra cadencia vital se ha alterado y hemos roto con lo natural para instalarnos en lo artificial. Nada reseñable de no ser por la profundidad y radicalidad de estas alteraciones.
El tiempo transcurrido hasta la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación puede entenderse en un sentido ascendente y de mejora, pero hemos vapuleado nuestra propia biología y pagado un alto precio para establecernos en el lugar que ocupamos en la actualidad. Hoy por hoy la conexión planetaria ha generado un mercado global que nunca frena, siempre en busca del beneficio acumulado por los mismos colectivos. Ahora bien, añoramos el ritmo de la factoría en un momento en el que la intromisión en nuestras vidas particulares no permite el establecimiento de espacios estancos y la vida contemplativa propuesta por Arendt se ha esfumado. Nuestra realidad existencial se ha diluido en la laboriosidad, la productividad se impone frente a la emancipación y los daños colaterales de tanto progreso establecen modelos de esclavitud inéditos hasta la fecha. Hemos generado una dependencia novedosa, una necesidad establecida sobre herramientas que supuestamente iban a mejorar nuestras vidas. El producto de la creatividad técnica en su vertiente digital nos ha abierto innumerables puertas y también nos ha sometido al dictado de una abstracción virtual para marcar un paso colectivo de ritmo inhumano.
Derrota y abandono a la productividad, nos entregamos con fruición a esta posibilidad, vendemos nuestro devenir con la promesa de una libertad que nunca llegará a producirse, pues es imprescindible mantener el engranaje funcionando de manera indefinida. Deseamos la suerte ajena, el éxito publicitado por el cosmos digital, pero, aunque sabemos con certeza que perseguimos un espejismo inexistente, nos mantenemos sumidos en la autoexplotación promovida por el balance de resultados. Como consecuencia, hemos desarrollado dolencias, desviaciones psiquiátricas y un estado de ansiedad e inquietud hasta hoy desconocidos, aunque en este momento universalmente extendidos. Resulta complicada la ruptura de esta cadencia, no somos capaces de imponer el límite que marque el fin de esta ruta fundada en el desvarío. El futuro no creo que trate con dulzura este periodo marcado por la destrucción de lo natural para huir a una mundanidad agresiva y hostil para con nosotros mismos, creadores de este entramado. Si no somos capaces de generar un entorno liberador, sino más bien al contrario, estamos perdiendo el tiempo y más valdría tomar distancia de esta ruta tumultuosa. Resulta, por tanto, perentoria la detención y toma de conciencia sobre el itinerario asumido como ineludible. Existen alternativas, aunque no tengamos el valor para desarrollarlas.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.