lunes, junio 1 2026

El vuelo de un pájaro por Jessica Sánchez

Aún no amanecía del todo, pero ya el pueblo respiraba el humo de los comales y el aroma dulce de la tierra mojada. El cielo, entre gris y naranja, parecía un espejo roto que reflejaba los primeros murmullos del día. Caminé entre las calles de piedra, donde las casas dormitaban como viejas silenciosas, y cada paso parecía despertar algo en el aire: un murmullo, una sombra, quizá un recuerdo.

Llegué a la plaza, donde el árbol de la ceiba se erguía como un testigo mudo, con sus raíces hundidas en un pasado que nadie recuerda pero todos sienten. Ahí estaba ella, la libertad: no en el grito de los héroes, ni en las palabras gastadas de los libros, sino en el vuelo de un pájaro que cruzó el cielo sin destino.

Sentí un peso en el pecho. ¿De qué sirve la conciencia, si no se atreve a despegar? La libertad, pensé, no es un camino recto ni una bandera ondeando; es un laberinto, un salto al vacío, una búsqueda que nunca termina. La ceiba crujió con el viento y algo se estremeció dentro de mí.

Me quedé bajo su sombra, escuchando al viento decir cosas que no comprendí del todo, pero que parecían destinadas a mi silencio. Fue entonces cuando entendí: la libertad no está en llegar, sino en caminar sin miedo a perderse. En mirar al cielo roto y saber que ahí, entre las grietas, está la promesa de algo más.

@Jessica Sánchez relato
@Imagen Pinterest


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