Los objetos rígidos se fracturan ante una carga superior a su resistencia. Él sólo era extraordinariamente correcto. Elástico. Maravillada, vi cómo se doblaba al medio ante mi pelotazo fuera de contexto. La carcajada que le siguió detonó sus dientes de azúcar. Sonaba “Disco 2000” cuando los escombros de un molar se incrustaron entre los dos vinilos de mi tráquea. Sus ojos, propulsados al espacio, trazaron una órbita chispeante que aún enciende mis noches de insomnio.
Calculo que el Big Bang se volvió a ensamblar, pues aquella noche en el bar no fue el comienzo de nada.
NATALIA DOÑATE
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