Olor a lavanda por Lucía Pastor Dueñas

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Donde antes estaba mi hogar, ahora solo hay cascotes de destrucción y pavor. Cuando salimos del refugio antibombas aún parecía oler al bizcocho que mamá acababa de preparar, pero ella ya no estaba.

La busqué incesantemente. Me parecía oler su perfume a lavanda fresca y ver su sonrisa…pero no estaba.

Los vecinos acudieron al rescate. Todo eran gritos de dolor, ojos tristes y desesperación. Algunos heridos eran trasladados en brazos, envueltos en mantas a los hospitales, pero mamá no estaba.

Yo lloraba y lloraba. No me atrevía a pensar, solo quería recordar su olor, su sonrisa y como me arropaba cada noche.

¿Cómo podré dormir sin sus dulces besos? Ya tampoco tengo casa, ni cama, pero eso no importa. Daría todos mis juguetes, si los tuviese, por volver a abrazarla, por perderme en su amorosa mirada.

Reconozco las imágenes que vimos una vez en la tele. Son las mismas que ahora veo en lo que fue mi calle y mi casa. “Es la guerra” me dijo mi madre. Y yo pensé que como otras veces me diría que ya lo entendería cuando fuera mayor, pero no fue así. Me dijo que las guerras eran un sinsentido, que no había nada que las justificase y que nunca, nunca, empuñara con mis manos un arma.

Una vecina me abraza contra ella y me tapa la cara, percibo el olor a la fresca lavanda. Miro de reojo y veo una muñeca rota, una vida truncada y la última sonrisa de mamá pintada en su cara.

@Lucía Pastor Dueñas texto

@Imagen Pinterest


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