Un cumpleaños fantástico por Carlos Cubeiro

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Todo estaba saliendo perfecto, hasta el cielo se veía azul sin una sola nube. Sí, era el día de su
cumpleaños y estaba contento contestando infinidad de mensajes de Facebook, WhatsApp e Instagram, amén de decenas de llamadas de teléfono.

En lugar de comprar una tarta decidió hacer la que se le daba mejor, la de manzana. Así pues, con los ingredientes a mano empezó a mezclar los huevos, el azúcar, el yogur, la mantequilla y la harina con la levadura, luego fue poniendo una a una rodajas de manzana y para terminar por encima unos trocitos de mantequilla y azúcar. Todo iba bien, sin embargo las cosas podían cambiar de un momento a otro. ¿ Qué podría salir mal haciendo una tarta? -se preguntaba-.Sí, que no subiera y se convirtiera en una especie de suela de zapato, pero eso lo creía controlado por lo que en ese aspecto estaba tranquilo. De pronto y sin una razón aparente la luz del horno se apagó y claro, éste comenzó a enfriarse, aunque todas las luces de la casa funcionaban bien.¿ Sería el enchufe del horno?.

Correcto, pero es que ninguno de los enchufes tenía energía eléctrica. Cuando abrió la portezuela
del cuadro eléctrico todo era normal sólo que ahora nada funcionaba, ni siquiera las luces del
techo que se apagaron justo al abrir ésta. La iluminación que entraba por los grandes ventanales
apenas podía guiar sus pasos sin tropezar por las estancias de la vivienda. Sin una razón clara,
igual que se había ido así regresó la luz y el horno volvió a cocinar la tarta.

No entendía nada, tampoco había sido un apagón general ya que la iluminación urbana brillaba como siempre a esas horas un día de Noviembre. Bueno, ahora todo vuelve a funcionar espero que mi rica tarta de manzana se haga pronto y sin problema- se dijo a sí mismo-. Con el temporizador al máximo
de minutos Carlos se dispuso a ver una de tantas series que ponen en televisión por las tardes,
sentado en el sofá y acompañado de palomitas, patatas fritas y seis litros del más conocido
refresco de cola mientras el horno cumplía su función.

Por fin se hizo la tarta sin más incidencias y Carlos la situó en medio de la mesa, extendida para la ocasión. Ahora sólo tocaba esperar a los invitados y ring, ring…Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, le cantaron a coro nada más abrirles la puerta. Aún humeaba la tarta cuando se sentaron todos a la mesa pero ya tendría tiempo de enfriar, lo primero era colocar sobre ella las velas, pedir un deseo tomar aire y soplarlas. No habían traído sólo dos velas con la forma de los números, no, traían tantas cómo años cumplía Carlos, algunas más de sesenta. Así pues las velas fueron puestas una a una sobre la tarta sin dejar apenas un hueco libre.

Sin más demora alguien las encendió y también sin detenerse Carlos pensó un deseo, sopló y las apagó todas de una vez. Todo parecía salir a pedir de boca, aunque un extraño fenómeno llamó la atención de todos. Las coloristas velas empezaron a tambalearse, luego salieron despedidas hacia el techo para caer al suelo al instante. La tarta comenzó a batirse sola dentro del molde usado para hornear, la harina, el azúcar y la levadura volvían a su estado natural. Los huevos seguían los mismos pasos rellenando su cáscara para quedar tal cual salen de la gallina y hasta las tres manzanas que Carlos había usado regresaban de manera misteriosa a su primitivo estado, con su forma y su color verde amarillento.

Todos los presentes se daban la mano unos a otros y sin dejar de temblar se miraban con los ojos abiertos como platos. Cómo por telepatía parecían pensar lo mismo, miraron a la vez hacia el cumpleañero y le preguntaron al unísono,¿ Carlos, cuál fue tú deseo? A ver aquellas miradas se dio cuenta de que algún extraño pensamiento pasaba por sus cabezas y antes de que le hicieran otra pregunta, les dijo: tranquilos, os desvelaré mi deseo aunque dicen que puede no cumplirse. Sólo deseaba reunirnos siempre como hoy. Dado lo sucedido añadiré que con una tarta que se porte bien, sea o no casera.

Todos los invitados parecían respirar ahora aliviados. Por suerte ninguno había acudido con las manos vacías y entre pasteles y bombones de diversas clases el cumpleaños resultó bien, con una
anécdota para contar o quizás no contar por lo inverosímil y difícil de creer. Pasaron varias horas
y a eso de las cinco de la madrugada los invitados se despidieron. Nada más cerrar la puerta de
casa, Carlos casi sufre un desmayo al ver aquello que sus ojos eran incapaces de creer, la tarta de
manzana estaba intacta y con las velas encendidas. No sólo eso, las palomitas, las patatas fritas y
la bebida de cola estaban allí, en la mesita del salón en la posición que él las tenía mientras veía la serie.

Sí, la trama estaba en el mismo punto dónde estaba cuando sonó el timbre. Cómo puede ser ésto sin tener tecnologías que lo permitan. Carlos despertó muy temprano ese día, era día 23, el día de su cumpleaños y deseaba hacer una tarta en la que soplar las sesenta y tantas velas de colores. Mientras uno duerme….

@Carlos Cubeiro


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