La sinestesia músico-pictórica de Van Gogh – cap.6 por Ángela de la Fuente

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“Me encantaría, por medio de un cuadro, expresar algo estimulante tal y como sucede con la música. Me encantaría pintar a las mujeres o a los hombres con no sé qué de eterno […]”, fragmento de una carta fechada del 1 de septiembre de 1888 de Van Gogh a Théo.

Cantidad de pasajes de la correspondencia epistolar de Vincent con su hermano menor incluyen términos musicales tales como “armonía”, “nota”, “registro”, “scherzo”, así como menciones a músicos, títulos y versos de canciones, salmos e himnos, chansons, óperas, comparaciones de sus compañeros pictóricos con instrumentos musicales, e incesantes metáforas musicales para describir elementos que sentía.

La música en casa de sus padres fluía por cualquier rincón: su madre, Willemien y Anna tocaban el piano frecuentemente, y esta fue probablemente la principal razón por la que Van Gogh se inició a tomar lecciones de piano. Sin embargo, los objetivos de Vincent no eran tales como saber crear y tocar música, sino entender mejor la relación entre tonos y semitonos a través de la escala en el teclado del piano. Se animó a iniciar con un antiguo profesor de música, organista en Eindhoven, con el que no tardó en dejar las clases, puesto que el propósito de entender mejor la relación entre los cromatismos en la pintura desde la música hizo creer al profesor que estaban vacilándole, sobre todo con las incesantes comparaciones que hacía Van Gogh cuando tocaba comparando dichos sonidos con el azul prusiano, y diferentes tonalidades de verde hasta llegar al amarillo.

Ya hemos comentado anteriormente que Van Gogh no era muy fan de asistir a conciertos de música, pero en ocasiones “hacía el esfuerzo”. En estos conciertos, escuchó fragmentos de óperas de Wagner, piezas orquestales de otros compositores como Beethoven, al que, no extrañamente, trató de comparar con elementos pictóricos:

“Pero con [Jules] Dupré hay algo así como una sinfonía magnífica en el color, llevada a cabo de una forma intencionada, varonil. Me imagino que Beethoven debe ser algo así. Esta sinfonía es sorprendentemente calculada, y sin embargo, simple e infinitamente profunda, como la naturaleza misma”.

Tras la lectura de Grammaire des Arts du Dessin (1870) de Charles Blanc, el ensayo de Delacroix sobre el mismo, y por último los estudios de la teoría del color de Eugène Chevreul (1786-1889), no sólo le ayudó a encontrar el amarillo y el azul como el punto neurálgico de su producción gracias a la teoría de los colores complementarios, sino que le ayudó a encontrar la “abstracción” que se precisaba en la música para hacer lo mismo en pintura. Utilizar colores que no representan la naturaleza tal y como es evidenciada, sino con los colores posibles que obtenemos desde nuestra paleta, es el principio inicial que sigue la música tal y como se percibe en el Romanticismo. La búsqueda de no realizar una imitación o copia de la realidad, utilizando no lo “habitual” sino un abanico de posibilidades mucho mayor, es lo que le relaciona íntimamente con la música.

“Esto es a lo que Delacroix se había referido anteriormente como la música del cuadro”,
exclamaba Van Gogh a Théo: “Para determinar si una pintura es armoniosa, es  necesario mirarla desde una gran distancia, lo suficientemente lejos para que sea imposible reconocer el tema real, pero lo suficientemente cerca para ver la composición, los colores, las líneas… lo musical. Es el elemento musical el que crea el efecto deseado de aumentar la imagen con una segunda capa, el significado más profundo que es el núcleo de una obra de arte”..

Al igual que otros artistas de la época, Delacroix escoge la música como el modelo de las artes porque es independiente en sí misma, porque no genera imitaciones de la realidad. Una naturaleza muerta de flores para Delacroix encarnaba, mediante sensaciones oníricas, un sentimiento equiparable a la música.

Vincent no sólo adquirió estos conceptos de la pintura tal y como los percibía Delacroix, sino que incluso adoptó la idea de “las flores” como forma de expresar música en colores. A partir de 1886 realiza entre 35 y 40 cuadros de flores, como “estudios de color”. Así mismo, la reiteración en los girasoles pudo también haber sido influencia de las palabras de Delacroix, encontrando como Van Gogh dijo en ellos, una “sinfonía en azul y amarillo”.

Vincent encontraba la tarea del músico fascinante, con una capacidad superior al resto de artistas por la capacidad de cautivar al público como lo hacía. El quería ser percibido como “un artista interpretativo tocando”, como se le percibe igual al músico. “Entonces mi pincel pasa entre mis dedos como si fuera un arco en el violín”, le escribía a Théo entusiasmado. Pero las comparaciones entre los elementos tangibles de pintura y música venían de años atrás, cuando ya Van Gogh relacionaba materiales de dibujo con instrumentos musicales: “Dos violines pueden parecer más o menos iguales por fuera, pero uno siempre acaba teniendo un sonido más bello que el otro no tiene. La tiza natural tiene mucho sonido o timbre […] escucha con inteligencia y obedece, mientras
que el conté es indiferente y no coopera”.

Y si todo esto es increíble, Van Gogh todavía hizo más por relacionarse con la música…

Cap. 7 próximamente…

@Ángela de la Fuente artículo

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