En 1995 conocí a el escritor Juan Forn. Y digo lo conocí porque lo hice personalmente como en realidad se conocen a las personas. Ya lo había leído cuando a principios de la década había sacado de la biblioteca Municipal su libro de cuentos » Nadar de noche » cuyo cuento homónimo le daba título a la obra, de la Editorial Planeta, colección que el dirigía.
Nadar de noche es un cuento que habla de la conversación nocturna de un padre muerto y su hijo al borde de una pileta de natación. Esa noche que vino a Santa Fe, lo hizo para presentar su novela » Frivolidad » que no me gustó para nada y se lo dije, una novela fría y sin alma cuyo título era un presagio de sus páginas, fiel testigo de esa década del 90 signada por la degradación cultural.
En un momento de la presentación donde no había más que 10 personas y ningún escritor, salvo yo, el manifiesta sentirse mal, mareado, víctima de un ataque de baja presión y me pide que le busque un vaso de Whisky en el bar de la esquina. Cuando volví, apresurado como un mozo improvisado por la emergencia, lo noto pálido como una hoja en blanco y le digo que voy a llamar a una ambulancia para que lo atiendan mejor y suspendamos la presentación. Pero él me ruega que por favor no lo haga, que él era como un farol de campo, que funcionaba solo con alcohol. Además estábamos hablando de libros, de la magia de escribir, que era una pena rendirse. Al tenerme tan cerca, él vio el escudo celeste y blanco de Racing que llevaba en la solapa de mi saco azul y el rostro se le transformó por completo, tanto cambió su fisonomía que me costó reconocerlo, sus mejores colores volvieron de la mano del escudo y también por el Whisky por supuesto.
Sabes una cosa ? Mi papá era hincha de Racing fanático, apasionadamente enfermo, pero una tarde gris de principios de los 70, mis tíos mayores hinchas del rival de siempre, independiente, me secuestraron dos días seguidos una tarde que el rojo salió campeón, regalándome la camiseta del Diablo y eso nunca me lo perdonó.
Creo que mi papá está dentro tuyo, se las ingenio para estar cerca y poder ayudarme, fue él quién me trajo el vaso de Whisky para salvarme y me mostró tu escudo para que me dé cuenta de su señal. Estoy tan seguro de eso, que me parece estar viéndolo, si sos escritor sabes de lo que hablo.
Después de la charla, me dio su tarjeta, que lo llame, quería leer mis textos, quería saber más. Nos despedimos con un apretón de manos respetuoso y me dijo que seguiremos conversando en Buenos Aires.
Para el ambiente literario Juan Forn no necesita presentación, para el lector que no lo conozca puedo decirle que cambió la manera de escribir en la Argentina, que abandono su carrera literaria individual para difundir la buena literatura dirigiendo un suplemento cultural y escribiendo las contratapas de Página 12.
Anoche mientras escribía, sacó las hojas de mis manos y me tacho algunos párrafos y sonrió con admiración por otros mientras me abrazaba en la penumbra volviendo a agradecerme el vaso de Whisky y el escudito de Racing.
Seguimos conversando, seguimos escribiendo, todas las noches que nos sorprenden persiguiendo voces en la oscuridad.
@Jesús María Cello
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